A player in the middle: el ascenso de los agentes literarios

Hay algunos temas que por los motivos que sea no se encuentran suficientemente presentes en los blogs y puntos de reflexión sobre el sector editorial. Desde que comencé …

Hay algunos temas que por los motivos que sea no se encuentran suficientemente presentes en los blogs y puntos de reflexión sobre el sector editorial. Desde que comencé a interesarme por el mundo del libro me he dado cuenta de que el lugar central de este cosmos la ocupa el editor, figura quasi totémica. Su rol preponderante está siendo cuestionado con gran fuerza a causa de la consolidación del paradigma digital. Estas mutaciones, que yo considero positivas e inevitables, nos van a permitir percibir con más claridad los papeles de otros actores de la cadena de valor del libro. Hoy me quiero ocupar de uno de los más desconocidos: el agente.

Para radiografiar esta figura me voy a servir de las ideas de dos textos: uno es el ya ultra-citado en Sumer “merchants of culture” de John B. Thompson y otro es un libro que leí el verano pasado; se trata de “Confesiones de una editora poco mentirosa”, de Esther Tusquets impulsora de Lumen. Las reflexiones que recogeremos de esta última entorno a la figura del representante de autores están centradas en “la agente” por antonomasia en el mundo hispanohablante: Carmen Balcells. Iniciemos pues el viaje que nos permitirá conocer mejor a estos actores semi-desconocidos.

La aparición de los agentes viene ligada, según Thompson, a la consolidación del libro como un objeto de consumo de masas, que se da sobre todo a partir de la creación del “mall store” en los Estados Unidos de los sesenta, como ya analizamos en una entrada anterior aquí en Sumer. El incremento de la venta de unidades lleva el libro a las manos del gran público y los textos entran en dinámicas de promoción de mercado propias de la industria del cine. Básicamente estamos hablando de la necesidad de generar “best-sellers”, libros de gran éxito muy similares a los llamados “blockbusters”, esas películas súpertaquilleras que nadie puede resistir ver.

La consolidación del best-seller viene de la mano de otro factor que también proviene de la esfera hollywodiana: el “star system”. Desde sus inicios la industria cinematográfica americana había aprendido a “generar” actores estrella, que devenían el verdadero argumento central de márketing para asegurar las ganancias en un arriesgado mercado basado en macro-producciones que constaban muchos millones y necesitaban de grandes éxitos en taquillas para ser rentables. Aparece por tanto el autor estrella y la operación comercial que Manuel Gil ha denominado con acierto como “el zafonazo”.

Wylie, el chacal, con cara de duro negociadorEs en este contexto cuando, en el Nueva York de los setenta, centro por antonomasia del “mainstream publishing”, surgen los agentes. Dos figuras destacan en este ámbito anglosajón: M.L. Janklow y Andrew Wylie, conocido como “el chacal” por su fiereza negociadora. Janklow, proveniente del mundo de la abogacía, pasó a ser agente por casualidad, representando a una amiga que tenía problemas con sus editores. Su “modus operandi” creó escuela y cambió el mundo del libro. Veamos como.

a) “I’ll break this system”: la ley de acero del anticipo

Tradicionalmente el editor había tenido mucho poder frente al autor. Expresándolo en modo marxista, la casa de ediciones tenía el control de los “medios de producción” y el escritor estaba en franca desventaja(esto daba lugar a relaciones tensas y enfermizas como la del editor Lindon y el escrito Echenoz, recogida en un libro de Trama editores). Pero Janklow y Wyler idearon una fórmula para romper esta jerarquía.

Balcells con Gabriel García MárquezLas tres claves de la estrategia, según nos dice Thompson, fueron

1. Conseguir una masa crítica de autores ya famosos y con ventas considerables.

2. Centrarse absolutamente en la negociación sobre los derechos de publicación y otros derivados o secundarios(por ejemplo el derecho de convertir la obra en una producción audiovisual o el derecho de publicar el libro en otros países o lenguas). Éstos se trocean al máximo y se venden mediante subasta en el mercado internacional.

3. Máxima agresividad en la negociación y fomento total de la competencia entre editores para contratar el libro.

4. El anticipo: esta es la verdadera clave que toma cuerpo gracias a la situación generada por las actuaciones descritas en los puntos anteriores. En un mercado de alto riesgo, de prototipos(cada libro es diferente y nunca se sabe realmente como rendirá)un autor conocido, el Dan Brown de turno, sirve para minimizar el riesgo y alcanzar(eventualmente y si la jugada sale bien)un alta rentabilidad. Además, y este aspecto es muy relevante, si se obliga al editor a pagar un alto anticipo éste se verá forzado a invertir mucho “marketing money” en el libro, a darle máxima prioridad en la distribución y gran visibilidad en los puntos de venta. Es la pescadilla que se muerde la cola, el círculo virtuoso que permite la generación de best-sellers seriados. Por este motivo el best-seller tiende tanto a la trilogía o la secuela. Wylie decía de este “efecto anticipo”: “it’s an iron law”.

Estamos por lo tanto ante una edición de tipo “rápida”, espectacularizada, plenamente inserta en la cultura del “hit” de la sociedad de masas que ancla sus raíces en el cine, como dijimos. Esta forma de editar necesita de unos flujos de caja que favorecen la creación de grandes grupos y la concentración editorial, eliminando a las casas medianas y polarizando la edición, como ya analizamos en un post anterior.

¿Cómo es la estructura empresarial que gestiona estos nuevos tipos de libro-producto?. Para comenzar estos grandes agentes suben su comisión hasta el 15%. El gran anticipo sirve para mantener despachos con profesionales dedicados a gestionar derechos y royalties de todo tipo a escala mundial. Las agencias, es evidente, acaban dependiendo de la producción y el éxito de un elenco muy reducido de autores estrella. Podemos concluir este subapartado con una frase de Thompson: “the traditional relations of power between author and publisher were gradually overturned”( p. 65).

b) Las nuevas tareas del agente

De todo lo anterior podría desprenderse que el agente es un personaje negativo, que encarece el precio del libro y degrada el valor cultural de la industria editorial al canalizar las ventas hacia productos seriados o de masas. No creo que esta visión sea plenamente correcta, aunque es la que yo tenía antes de leer el libro de Thompson. Demos un vistazo a aspectos positivos que aportan los representantes a la cadena de valor.

1. Los agentes pasan a defender a los autores, que ganan posición de fuerza en relación a la situación anterior, que otorgaba demasiado poder al editor. El agente pasa a “gestionar el ego del autor”, a ayudarle y apoyarle en el proceso creativo. De esta forma permite que el libro llegue más madurado y perfeccionado a la editorial, que puede ahorrar tiempo en el proceso de selección de manuscritos valiosos, que se hacinan en la famosa y polvorienta “slush pile” (pila de basura sin valor) que toda editorial que se precie mantiene orgullosa sobre la mesa con la esperanza de encontrar en ella un día milagroso el libro que salve la temporada.

2. El agente conoce el mundo editorial y el mercado y ayuda al autor a introducirse en él. El representante se dedica a ir a las fiestas, comidas, encuentros y conocer a los editores, de forma que cuando tiene un autor y un libro sabe a que cual de ellos le puede interesar el escrito.

3. El agente concibe el libro como un producto y lo trata de ajustar al mercado: ayuda al autor a pensar en como posicionar el libro y a qué públicodirigirse.

Naturalmente todas estas labores pueden ser consideradas como propias por el editor, que percibe al agente como un intrusista, alguien que además le está quitando el contacto directo con el autor y quizás la posibilidad de participar en los primeros estadios del “editing”, aspecto muy valorado por algunos profesionales. El agente también compite con el editor en “pensar proyectos de libro” que el mercado demanda a su juicio y que se le pueden ofrecer a determinados escritores.

c) Editores traicionados: Esther Tusquets y el “modelo Balcells”

Para comprender el punto de vista del editor es muy útil leer el mencionado libro de Esther Tusquets, que vivió en un mundo sin apenas agentes y vio emerger la potente figura de Carmen Balcells. Recojamos algunas de sus quejas para ilustrar el sentir del gremio. En las páginas 101 y siguientes, la editora catalana nos dice que el “modelo Balcells” provocaba que los autores firmaran contratos muy cortos con las editoriales. Éstos se paseaban por la sedes de los grandes grupos vendiéndose al mejor postor y pidiendo anticipos desorbitados. Los damnificados fueron las editoriales medianas y pequeñas y el catálogo editorial.

La vida de libro se hace más breve, ya no hay un proyecto común basado en la confianza entre autor y editor. Ya no publicas un novela más arriesgada del “autor de la casa”(que ya no es tal) que sabes que va a vender menos porque en cada libro tienes que ganar dinero. Algunos escritores ganan altas sumas, pero la mayoría ven su obra descatalogada por el cortoplacismo imperante. El libro de Tusquets, además, acaba contando la venta de Lumen a Random House en un tono nostálgico, marcado por la conciencia de que lo que se terminaba era una forma de editar.

Para nosotros llega también el momento de concluir. Siempre que comentamos el libro de Thompson advertimos es un magnífico y exhaustivo análisis pero que se centra en el “ecosistema de papel”. Sería interesante atisbar, tratar de comprender, cuales serán los cambios en el rol del agente que traerá el digital. ¿Pasarán a negociar con las grandes plataformas como Amazon la visibilidad de los títulos de sus representados?, ¿cuál será su relación con unos editores cada vez menos poderosos, más apartados del centro de la red de valor?, ¿qué papel pueden jugar en las nuevas comunidades de autores autopublicados?, ¿cómo afectará la aparición de la distribución mundial que trae el e-book a la gestión planetaria de derechos?. Son solo algunas cuestiones que se me ocurren a bote pronto y que planteo esperando que algunos lectores de este espacio puedan a responder. El tiempo, en todo caso, podrá a cada uno en su lugar y me da la impresión de que los agentes son un gremio dinámico, con capacidad de adaptación a los nuevos cosmos post-analógicos.

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2 comments

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    […] A player in the middle: el ascenso de los agentes literarios […]

  2.    Responder

    […] y el autor se ve quebrada y ya no permite proyectos a largo plazo (hemos abordado esta cuestión en otra entrada de Ecos de […]