Inicio Forums Principal AUTOR Y LIBRO DEL MES Globalización y razón común: ¿tierras de nadie?

Este debate contiene 7 respuestas, tiene 3 mensajes y lo actualizó Imagen de perfil de Antonio Adsuar Antonio Adsuar hace 1 año, 1 mes.

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  • #14283
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    Antonio Adsuar
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    Hola amigos,
    Abro este hilo para debatir sobre la reseña de “Tierra de nadie” de Antonio Campillo (Herder) realizada por nuestro LUC Top @juanpabloserra

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    Vaya por delante que no he leído el libro pero es un tema que me interesa y sobre el que me gusta debatir de tanto en tanto…¡Vamos allá!

    Empiezo con una pregunta para Juan Pablo, que seguramente querrá comentar también otro LUC destacado @davidsoto

    1.¿El mercado…ayuda o juega en contra del entendimiento mundial?, ¿la globalización es fundamentalmente económica y eso es malo?

    En este sentido me ha sorprendido la radicalidad de los planteamientos de Campillo que nos trae Juan Pablo en los primeros párrafos…no creo que el liberalismo sea un agente destructor de la cultura occidental.

    Me ha gustado la parte en que Juan Pablo habla del concepto de “tierra de nadie” con oportunas referencias a Roma. Como bien dices hoy observamos que hay muchos “nadies sin tierra” como los refugiados sirios que vemos en cada telediario…

    La clave, a mi modo de ver, pasa por convertir, efectivamente, esta tierra de nadie en una tierra de todos (retomando el juego de palabras de Innerarity en “Un mundo de todos y de nadie” (Paidós) y conseguir que, más allá de los estados nación, podamos construir espacios comunes que nos permitan convivir y legar un planeta habitable a las futuras generaciones…

    ¿Cómo conseguir esto?; la respuesta ya es más complicada…me ha gustado Juan Pablo cuando apuestas por “hacer experiencia real de la convivencia con el otro“. La idea sería: ¿debemos superar los límites del proyecto de la ilustración y renunciar a una “razón común” para poder realmente organizar el mundo, necesitamos un mínimo discurso compartido sobre la ética y los valores?

    Gracias por el post Juan Pablo, y también a Herder y Campillo, que fue profe mío en la Universidad de Murcia, por el esfuerzo y por poner estas cuestiones.

    #14287
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    Juan Pablo
    Participante

    Muchas gracias @antonioadsuar por tu lectura y por la invitación a colaborar con la web. Por cierto, un ejemplo fabuloso (el de esta web) de lo que es la cooperación voluntaria y pacífica 🙂

    Quise empezar el comentario subrayando los excesos retóricos anti-capitalistas del libro porque me llamó la atención la contundencia del autor en un punto concreto y la seguridad que parece tener en que cualquier lector va a darlo por bueno. Digo, teniendo en cuenta que el tono del libro es más bien posmoderno (no hay discursos privilegiados, los truth-holders son authority-holders, el saber es esclavo de las circunstancias, etc.) no deja de ser llamativa la contundencia y unilateralidad con que esas proclamas son sostenidas. Quizá una demostración palpable de que cualquier pensar nunca se da “en vacío”, ni siquiera el pensar que se dice desprejuiciado y libre.

    Evidentemente, sobre este asunto de la globalización se puede hablar largo y tendido, pero es la inquina de Campillo contra “las fuerzas del mercado” lo que me llevó a divisar un punto de partida menos grandioso y más cotidiano para pensar lo global. Al fin y al cabo, el mercado (entendido como intercambio de bienes) no es más que una prolongación de algo muy propio de nuestra condición como es la sociabilidad. Además, curiosamente, de la misma manera que ninguna sociedad valora positivamente el egoísmo (otra cosa es que, de hecho, se de) en el mercado ocurre algo similar. Incluso aunque yo acuda al mercado de una manera auto-interesada y egoísta, si no acierto a vender u ofrecer algo que el otro quiera… adiós, chau, el propio mercado me expulsa. Evidentemente, hay mucho que matizar después de todas estas afirmaciones, pues hablamos en términos ideales, pero el mecanismo básico y elemental es ese.

    Es este tipo de apreciaciones las que me llevaban a preguntar al final si, siendo realistas, no sería algo tan elemental y cotidiano como es el intercambio de bienes en sentido amplio una manera más efectiva de que la globalización sea humana y entendible.

    Es cierto que, en un sentido, el mercado puede ser avasallador, deshumanizante y laminador. Recuerdo cuando, hace ya algunos años, entrevisté a Fernando Méndez Leite (entonces, director de la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid) y nos comentaba lo normal que en los años 50 y 60 resultaba ir a la ciudad y ver cine polaco, francés o brasileño en las salas grandes. ¡Qué extraña resultaba esa experiencia en el 2002 y qué imposible resulta hoy! Hace poco, leyendo un artículo sobre los “valores de Nueva York”, su autor comentaba de pasada una experiencia similar al evocar como, siendo NY una ciudad de inmigrantes llena de comercios foráneos, en sus calles hoy dominan cadenas y franquicias 100% USA.

    Pero, en otro sentido, es el mismo mercado el que deja abierta la posibilidad para la innovación y la novedad desde los lugares del planeta más inesperados (véase Estonia y su boom tecnológico). Internet no deja de dar ejemplos a diario de lo que pueden lograr los seres humanos cuando cooperan libremente en torno a intereses comunes (recomiendo vivamente este texto referido a los portales de escritura literaria). La clave, claro, estriba en cómo vivir de ello. Desconfío mucho de los cursos de emprendimiento y startups, pues vanaglorian un modelo de razón y de persona que no es para todos, como bien criticaba @davidsoto en otra reseña. Pero, al mismo tiempo, no deja de asombrarme la capacidad intuitiva y la capacidad de afrontar el fracaso de tantos y tantos emprendedores que, con sus ganas de buscar oportunidades, abren caminos y hacen el mundo más “seguro” (generan trabajo y riqueza) para el resto. Nada de esto excluye la intervención de los Estados, ni mucho menos. Pero sí me lleva a pensar, otra vez, en que, aunque el empresario y/o el emprendedor acudan a otros lugares en busca de beneficio, necesitan conocer los lugares a los que van si es que quieren tener éxito. En Derechos humanos depredados (2008), la noruega Janne Haaland Matláry recomendaba a los empresarios que, ante la incertidumbre moral de qué hacer en otros países, pensaran en los derechos humanos reconocidos en la Declaración Universal y, antes que eso, que fueran kjernekar, esto es, hombres con un centro íntegro, honesto, éticamente sólido. Es decir, que el primer reto de la globalización empieza por nosotros mismos. Pero el segundo, creo, es conocer las fuentes de significado en las otras culturas, la “tradición” aceptada y vinculante (si es que la hay) con la que se confrontan. Y eso, me temo, no se puede hacer sólo estudiando. La capacidad vinculante de una tradición sólo se constata in acto, esto es, viendo si realmente orienta la vida de la gente.

    Es por eso por lo que me chirría la pretensión ilustrada universalista y constructivista que proclama que hay que forjar un discurso mínimo y mundial. Eso sólo adquiere sentido si, efectivamente, no hay tradiciones de fondo que sostengan y orienten la existencia en las distintas culturas del mundo. Pero ¿no las hay acaso? Entiendo que el filósofo, en cualquier lugar del mundo, busca hablar en nombre de “la” razón, y no de “su” razón, y que es en ese sentido en el que Campillo erige su valor en el mundo de hoy. Es sólo que un filósofo que cree que, al estar hablando, sólo habla “la” razón y no además toda una historia y una tradición, se me antoja un ser angelical y fuera de este mundo.

    Necesito leer ese libro de Innerarity que mencionas, que mucho tiempo lleva ya cogiendo polvo en la biblioteca…

    #14337
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    David
    Participante

    Estimados,

    Considero muy interesante la conversación que están llevando a cabo y os agradezco la cita a este humilde reseñador, pero me siento incapaz de proporcionar alguna concreción conceptual que permita un debate diverso y quizá producivo. Quizá habría que incorporar al propio autor, que lejos está de situarse en lo posmo y siempre ha partido de la base de cierta cultural liberal (clásica) que inspira su cosmopolitismo. Sin embargo, como siempre me ha gustado la fiesta, me apunto a hacerun poco de abogado del diablo y creo que en este sentido, no hay que confundir el liberalismo o la tradición liberal con el modelo neoliberal, que Campillo situa como cumplable de la crisis civilizatoria, tal y como señala en su texto. Esto Campillo lo tiene más que claro. Bajo este punto de vista,  ni a Locke, ni a  Smith, ni a Ferguson se les hubiera nunca ocurrido identificar la concepción de libertad política que aprendieron de la tradición republicana (y esta es la clave) con el “libre mercado” y de la libertad económica  (la libertad de perseguir sus intereses–, ni menos, como han señalado otros autores,  hacer de la segunda un fin y de la primera un medio. El también interesante texto de Gerardo Muñoz sobre el libro de José Luis Villacañas que se acaba de publicar plantear precisamente como la deriva republicana se puede presentar como katechon tanto frente al populismo o al mismo modelo neoliberal.  Pero habría mucho que decir…

    Gracias a Libros de Ensayo y al reseñador por acercarnos con sagacidad a este importante texto de Campillo.

     

     

    #14350
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    Juan Pablo
    Participante

    Tienes razón, David. Campillo no es un pensador posmoderno in toto, pero el tono del libro sí está plagado de un tono posmetafísico y sociológico (al menos, cuando se refiere a la filosofía) que sí suena posmoderno, aunque sea en sentido laxo. El apunte que haces sobre libertades (política, económica) merecería estudiarse, desde luego. Quizá lo que se me enquista es que no termino de tener claro qué es eso del neoliberalismo, ni tampoco si existe. Mi sensación es que es una ficción, un fantasma, un “straw men”, y que, en realidad, cuando se critica al neoliberalismo, se están criticando cosas muy distintas (concentración de poder en pocas manos, vida reducida a consumo, vida protocolizada o cuantificada, maleabilidad de las leyes, elitismo) que de liberal tienen poco. Me cuesta entender a qué viene lo del “neo”. Pero me suena bien lo que dices del republicanismo y lo que se apunta en esa reseña de Gerardo Muñoz. Sólo que habría que ver o pensar a qué tipo de republicanismo se puede aspirar en un mundo de conexiones abundantes y límites imprecisos, donde las posibilidades para participar en la vida común se multiplican en el espacio (real y virtual).

    #14351
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    David
    Participante

    Para la historia conceptual de “neoliberalismo” es de obligada lectura el curso de finales de 1978 y principios de 1979 en el College de France de Foucault recogido en Nacimiento de la Biopolítica, publicado en España en Akal.  Algo más reciente, y bajo otra óptica pero mucho más pedagógico, es el texto de David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, también en Akal.

    Saludos,

    D.

    #14355
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    Juan Pablo
    Participante

    Ok. Conocía el texto de Foucault (no lo he leído). Pero… sigo sin salir de mi circunspección. Si seguimos una línea foucaultiana, “neoliberalismo”, entonces, sería una ficción, un artefacto filosófico (en el mejor de los sentidos) e ideológico (en el peor) para pensar una correlación de fuerzas que, presuntamente, determinarían nuestra vida social. Pero, de ser así… valdría cualquier palabra. El liberalismo es la filosofía “de facto” que acompaña al nacimiento de la democracia moderna y es, en sí misma, un campo vastísimo, pero si tiene algo es la preocupación por el sujeto individual. Y pese a que, en el pensamiento Foucault, el sujeto se disuelve, no son pocos los que han visto en un anti-humanismo una preocupación muy seria por el sujeto. Insisto, no he leído ese texto que, seguramente, dará que pensar, como todo lo que escribe Foucault. Pero a no ser que se indiquen actores concretos, decisiones reales e instituciones específicas, venir a decir que el neoliberalismo se ha propuesto cargarse todos los logros civilizatorios ¿no suena demasiado… vacío?

    Me pareció muy interesante la discusión de algunos economistas sobre el libro de William Davies que habla de esto (https://www.academia.edu/8670938/Roundtable_The_Limits_of_Neoliberalism), pues Davies adopta un enfoque “foucaultiano” al hablar del neoliberalismo como el desencantamiento de la política por la economía. Pero si me quedó algo más o menos claro es que, de ser algo, el neoliberalismo sería una filosofía de vida, que puede (o no) acompañar la actividad económica, pero no es ni tiene por qué ser lo que la define. La actividad económica es mucho más amplia que la cuantificación y la tarificación de todo.

    #14684
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    Juan Pablo
    Participante

    Por cierto, va a sonar asqueroso lo que voy a decir pero: “I told y’all!!”. Quiero decir, que esa intuición que yo tenía sobre que el término “neoliberalismo” es una ficción es algo más que una intuición, @davidsoto. Dos politólogos lo demostraron hace siete años: http://link.springer.com/article/10.1007/s12116-009-9040-5/fulltext.html

    Básicamente, vienen a decir que sobre “neoliberalismo”:

    1. Ninguno de los autores que emplea el término se esmera en dar una definición precisa. Más que muchas definiciones, en realidad hay muy pocas.
    2. El origen histórico del término es vago e impreciso…
    3. … en general, es un concepto adaptable para cualquier ataque a las políticas relacionadas con los mercados libres (o, si se prefiere, desregulados). “In one very important way, contemporary usage of neoliberalism has changed fundamentally since that period: it no longer denotes a new form of liberalism with specific features and empirical referents, but has become a vague term that can mean virtually anything as long as it refers to normatively negative phenomena associated with free markets. As the term neoliberalism has diffused broadly, nothing has prevented its meaning from drifting even more broadly.”

    Por último, no a todos gusta Juan Ramón Rallo (a mi me fascina, aunque no pueda seguirle en todo), pero su propuesta de que el término viene en realidad de Alexander Rustöw como una propuesta para superar el socialismo y el capitalismo mediante lo que sería hoy una “economía social de mercado” o, para entendernos, la fórmula socialdemócrata de hoy (funcionamiento de mercado más o menos controlado por el Estado, altos impuestos, planificación de la industria, servicios públicos asumidos sólo por el Estado, etc.) suena muy interesante para discutir. Aquí su explicación: http://www.libremercado.com/2016-05-10/juan-ramon-rallo-es-el-neoliberalismo-la-raiz-de-todos-nuestros-problemas-78923/

    Nada más.

    #14695
    Imagen de perfil de Antonio Adsuar
    Antonio Adsuar
    Super administrador

    Interesantes enlaces e ideas Juan Pablo…yo, la verdad, uso el término “neoliberalismo” como una etiqueta y no he reflexionado mucho sobre el concepto. Ayer mismo con la chavalada de instituto hablábamos de un punto del libro de texto en el que se explica la crisis del Estado del bienestar y estuvimos comentando Friedman así por encima…¡Saludos y gracias por la aportación!

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