Inicio Forums Principal AUTOR Y LIBRO DEL MES LIBRO DEL MES LUCHAS CULTURALES GLOBALES: COMENTAMOS «CULTURA MAINSTREAM»

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  • #7380
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

     

    Hola a Todos,

    Iniciamos este mes de Marzo con algunas preguntas sugeridas para que comentemos el magnífico libro «Cultura Mainstream». Allá van, espero que os resulten interesantes y sirva para fomentar la discusión:

    1.¿Qué opinas de la cultura de masas y de la hegemonía cultural de EEUU?,¿Es realmente tan dominante y sus consecuencias son siempre negativas?

    2. ¿Qué papel consideras que puede jugar internet y las grandes corporaciones americanas como Google, Facebook o Twitter en el programa de control cultural mundial del “soft-power” norteamericano?

    3. La crisis del libro parece evidente: ¿Tienen los libros necesariamente un “valor cultural superior” o el audiovisual puede recoger de forma eficaz las enseñanzas y valores recogidas hasta ahora en los libros?

    ¡saludos a todos!

     

    #7449
    David
    Participante

    La libertad es el quid de todos los temores que exteriorizas. Mientras el espectador de cine o televisión, el oyente de música, el lector de libros tengan la posibilidad de elección sobre una miriada de propuestas no observo con inquietud los fenómenos que se describen tan bien en este libro. Aunque Martel nos dice que los creadores mainstream buscan un consumidor potencial en cuya expresión más profunda «la juventud ya no es una edad, sino una actitud» (p. 68), me gusta pensar que poseemos el suficiente grado de madurez cuando vemos una película, oímos un concierto o leemos una novela. En todo caso, veo esa actitud como una mirada inocente, un canto a la capacidad de emocionarnos, y no como la sentencia inapelable que descubre nuestro lado infantiloide y manipulable. No me caigo del guindo respecto a intenciones con un fondo artero, pero ahí estamos nosotros para dilucidar. Entre la imposición por parte de alguien de lo que nos conviene o la libre decisión -incluso errando- de cada uno, me quedo con la segunda opción.

    No estoy de acuerdo con la distinción que estableces entre la cultura europea y la estadounidense. Unos y otros arrastramos un acervo cultural común. Será por eso que un europeo como yo no se siente agredido por los valores que promueve la industria creativa del otro lado del Atlántico. Reconozco mis raíces en muchos aspectos, en las voces que oigo retumban ecos familiares; y también no dudo que si fuera un cairota u oriundo de un país del extremo oriente mi visión quizás sería distinta. Martel concluye que estas guerras culturales tienen como consecuencia un refuerzo de las culturas autóctonas, con la estadounidense como el otro referente, y que todo se mezcla. Afirma unas páginas antes que «la única cultura mainstream común a los pueblos europeos es la cultura estadounidense» (p. 392) y contrapesa el nicho, la especialización, la diversidad, con las que caracteriza la cultura europea, frente al imperialismo de Estados Unidos. De aquí entiendo la lectura que haces y las palabras del autor francés son una base sólida para esta argumentación, pero ¿no cabe entender también el concepto “cultura mainstream” sobre todo como un modelo económico exitoso que de algún modo todos intentan desarrollar con desigual suerte? ¿De verdad podemos ser tajantes en la caracterización de ambas culturas? “Sherlock”, la excepcional serie de la BBC, o “Crematorio”, la soberbia adaptación televisiva de la gran novela homónima de Rafael Chirbes, son un claro ejemplo de cultura de nicho, pero la americana “Breaking bad”, por calidad y público al que se dirige, es cara de la misma moneda. Por contra, “Médico de familia”, “Los Serrano”, “Rex, un policía diferente” son series europeas sazonadas por ingredientes mainstream como, por ejemplo, la popular “La hora de Bill Cosby”.

    A quienes nos hemos metido en las páginas de este libro nos acompaña en sordina el debate sobre qué es alta y baja cultura. En un gesto sincero y valiente, Martel piensa que «las fronteras que separan el arte del entertainment son en gran parte resultado de apreciaciones subjetivas. El lugar donde colocas esa frontera muchas veces es un indicio del año en que naciste o del color de tu piel» (p. 147). No me atrevo a decir que la palabra escrita goce siempre y en todo momento de preponderancia sobre otras formas de expresión. La audiovisual, a la que te refieres, alcanza a veces cotas sublimes y otras, naufraga en un océano de mediocridad. Asimismo, la imprenta -ahora también el soporte digital- da a luz obras maestras y engendros prescindibles. La narrativa de algunas series y películas, de partituras y canciones, emparenta sin tara con las cumbres de la literatura y el pensamiento. El lenguaje no condiciona la mayor o menor envergadura de la creación, sino el talento de quien la lleva a cabo.

    Uno de los propósitos que alienta Libros de Ensayo es cómo las nueva tecnologías inciden en el mundo del libro. Esto es extensible a toda manifestación cultural. Las reflexiones de Martel sobre la figura del crítico, de juez intocable a transmisor inmerso en los vaivenes de la “conversación”, nos suenan a los que nos demoramos en este sitio web. La jerarquía trastocada es una realidad. Cualquiera a través de una red social o un blog se erige en prescriptor; se beneficia, además, de un aura de pureza que ha abandonado al crítico institucional, preso de mercadeos inconfesables. Es igual que semejante afirmación admita mil y una matizaciones. El campo de Internet, extensión infinita que no se deja domeñar, da cobijo a todos y todos participamos en unas reglas de juego libérrimas; muy injustas, viles o execrables según los casos, pero precisamente en estas debilidades por su absoluta permisividad está también su fuerza: los intentos de censura, a la larga, acaban fracasando en buena medida. Si el control férreo de dictaduras como China o los países del Golfo, protagonistas en el recorrido de este libro, se da de bruces con esta realidad, con más razón le puede suceder al “soft power” -sea cual sea su origen-, que a favor tiene una presión ejercida con modos más sutiles, pero en contra un Internet casi irrestricto. Completo el círculo con tu actitud alerta ante las redes sociales y los buscadores, precaución que comparto, aunque la responsabilidad frente a abusos o tutelas indeseadas compete de forma alícuota a los creadores de contenidos, los analistas web y los usuarios. Los avisos generalmente se centran en las transgresiones de quien desarrolla las herramientas, en una constatación puede que cierta, saturada de defensores, e incompleta cuando el meollo del problema olvida la posible estulticia del internauta, un imprudente con lo que hace o dice.

    Nuestras palabras ponen de relieve gran parte de lo mucho y bueno que esta obra trata. Sin embargo, persiste en mí, al final de estas líneas, una deuda con ella, con los temas subyacentes dejados de lado, siendo la conexión entre las nuevas formas de ocio y la configuración urbanística de las ciudades quizás el que más despierta mi interés. No tengo reproches para ninguno de los elementos que aderezan la edición: el tetrabrik, símbolo acertado de un producto generalizado y de fácil uso, la polisemia de mainstream… nada parte del azar. Alejado de dogmatismos, Martel plantea el asunto a partir de una serie de preguntas adecuadas: «¿Serían pues los países que dan prioridad al entretenimiento más que al arte los que logran existir en los intercambios culturales internacionales y en los flujos de contenidos? […] Para convertirse en mainstream y acceder a todo el mundo, ¿hay que dar prioridad al entertainment y considerarlo sinceramente como algo valioso? ¿Es preciso apostar por el star system más que por los «autores»? ¿Es necesario abandonar los propios valores, el arte y la identidad? Para ser universal, ¿es preciso dejar de ser nacional?» (pp. 381-382). El libro huye de los monosílabos en sus respuestas. A la variedad de puntos de vista corresponde un análisis que persigue la implicación del lector. No se me ocurre mejor loa hacia “Cultura Mainstream” que estas últimas consideraciones.

    #7490
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola David y demás lectores de estas líneas,

    En primer lugar agradecerte el muy extenso y acertado comentario. Creo que complementa muy bien mi reseña que era intencionadamente sesgada y parcial. Creo que en nuestros dos textos se observa manifiestamente que hemos disfrutado del periplo goblal de Martel (que viajó 5 años para escribir el libro)y que nos sentimos en deuda con él. ¡Qué mejor homenaje que debatir sobre sus ideas!. Voy a meterme en harina a ver que tal sale.

    1.Como bien afirmas todo el texto de Martel tiene una música de fondo que lo ambienta: es la melodía que contrapone cultura de masas a cultura de élites (que mi maestro José Luís Villacañas consideraba superada, muy en la línea de los comentarios sobre las series que hacía David como pudimos comprobar en esta entrevista de audio que le hicimos en esta web: http://librosensayo.com/jose-luis-villacanas-director-de-la-biblioteca-saavedra-fajardo/ ). ¿Todo producto cultural por el hecho de ser mainstream ha de ser de masas?. Parece que sí, por propia definición…pero ¿Todo producto cultural mainstream ha de ser “baja cultura”?. ¿Quién define baja cultura en la época del ocaso de los presciptores egregios que comenta David?. Internet consagra en hit y lo vuelve mundial pero también acoge comunidades de nicho, de larga cola, como esta que unos pocos alimentamos aquí mismo.

    2. Me ha gustado leer esta aserveración de David: “¿no cabe entender también el concepto “cultura mainstream” sobre todo como un modelo económico exitoso que de algún modo todos intentan desarrollar con desigual suerte?”. Creo que la idea central de Martel es sencilla: los europeos deben tratar de hacer que su cultura sea mainstream, esto es, exitosa económicamente y por tanto consumible y globalizable. ¿Para hacer esto debe abandonar Europa su cultura de élites?, ¿es de verdad la cultura europea sólo de élites?. Me viene a la mente programas de TV3(cadena a la que estoy adicto)como “Ópera en tejandos” (http://www.tv3.cat/opera-en-texans/ ). Creo que la clave la vuelve a poner sobre el tapete David cuando afirma que: “¿Es necesario abandonar los propios valores, el arte y la identidad? Para ser universal, ¿es preciso dejar de ser nacional?”. Realmente la cultura de EEUU es la más globalizable porque es la menos nacional de las culturas occidentales y, aunque partiendo de una raíz europea, parte del melting-pot. ¿Podrá Europa (¿Es Europa sólo la UE?) trascenderse y aportar al mundo “otra cultura mainstream”?. En esta pregunta interviene la voz de Innerarity, cuyo “Un mundo de todos y de nadie” acabo de terminar.

    Prefiero dejarlo aquí, ya me alargué demasiado y hay que dejar espacio a más voces. ¡Gracias de nuevo a David y un saludo a todos!

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1 comment

  1.   

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