LA INDIGNACIÓN Y LA POLÍTICA

* Una reseña de David Soto Carrasco. @dsotocarrasco A propósito de: Daniel Innerarity, La política en tiempos de indignación. Prólogo de Josep Ramoneda, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015, 357 …

La política en tiempos de indignación* Una reseña de David Soto Carrasco. @dsotocarrasco

A propósito de: Daniel Innerarity, La política en tiempos de indignación. Prólogo de Josep Ramoneda, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015, 357 p.

No se puede pensar la Historia Política actual de España sin referirse al 15M y al movimiento de indignación popular que lo caracterizó. Tanto es así, que los cambios que hoy salgan de las urnas deben ser considerados en gran parte una consecuencia inmediata de la oleada épica que el 15M generó en 2011. Mañana la vida democrática de España será más plural, más creativa y más trasparente. Es más, el país que salga de las urnas es muy posible que sea otro totalmente distinto del que entró. Y si esto es así, lo es en la medida en que el 15M desencadenó un ciclo acelerado de cambios políticos, pero también sociales, que puso en entredicho las instituciones nacidas en el 78 pero sobre todo su legitimidad.

Además, a pesar de que existe un componente generacional evidente, no se debe comprender el 15M solo como un planteamiento voluntarista propio de jóvenes que quieren ajustar cuentas con el Régimen de la Transición y/o con la generación que la llevó a cabo. Tampoco como una simple irrupción pasional del descontento. Lo que venía a decir el 15M es que no la había una sola idea válida para poner en marcha nuestra sociedad civil, menos si cabe el país. Y no lo había como consecuencia de que las ideas que mantenían cohesionadas a la ciudadanía en torno a un proyecto de vida en común dejaron ser válidas o al menos dejaron de ser válidas para la mayoría. De hecho, solo quienes comprendieron bien la lógica del 15M, otearon que se abría una crisis de régimen y que se estaba, por tanto, ante el inicio del fin de un ciclo histórico.

En este contexto, Daniel Innerarity lleva a cabo en su último libro una sosegada reflexión acerca de la política, sus instrumentos, sus riesgos y sus límites en tiempos de indignación, a la misma vez que propone un horizonte de regeneración democrática que nos permita defendernos frente al excesivo poder de la política pero sobre todo reivindicar la política institucional como la forma de acción más apropiada para gestionar las fracturas y los cambios sociales.

“La indignación lo pone todo perdido de lugares comunes”, nos advierte nada más iniciar el libro el profesor de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco. No nos permite comprender lo que está realmente pasando. Es puro gesto. Se dedica a plantear un enfoque superficial del problema en vez de vislumbrar la complejidad del mismo. Es por tanto, según el autor, una virtud cívica pero no suficiente. Dicho con otras palabras, la indignación hace evidente una situación intolerable pero no modifica aquello que la produce. De esta manera, la indignación trasforma la protesta en algo políticamente irrelevante. Sería lo propio de una sociedad con una ciudadanía de baja intensidad y con una desafección galopante hacia la política. Por ello, pudo emerger en España. El reto estaría en hacer que la rabia y el desafecto fuesen capaces de organizar, desde el ámbito de la política, transformaciones democráticas “sin pasiones desatadas”.

La indignación revelaría en última instancia el fracaso de la política como sistema social. Haría patente que los ciudadanos han terminado asumiendo como propia cierta incapacidad de la política para resolver problemas reales. Por un lado, apreciarían que la política entra en contradicción con sus aspiraciones vitales pero también con sus proyectos de vida en común. Por otro, han acabado percibiendo que la toma de las decisiones sobre los problemas cotidianos, pero también sobre los de mayor calado, escapa de sus órganos de representación estatales ya sea frente a una institución supranacional o frente a un sistema económico que parece cada vez más ingobernable.

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En ambos casos, las políticas de austeridad dictaminadas por Europa han sido claves aquí. Como señala el autor, las medidas de ajuste se han impuesto de manera que nadie es ya capaz de vincularlas con una decisión libre, responsable y democrática, presentándose más bien como una exigencia incuestionable e ineludible. No obstante, Innerarity se muestra relativamente optimista ante la situación actual. A su modo de ver, “no estaríamos ante la muerte de la política sino en medio de un transformación que nos obliga a concebirla y practicarla de otra manera”. Y esto pasa, por tener conciencia de que los límites y las condiciones son parte de la vida (política). Con cierta pesadumbre, nos exhorta a no tener expectativas desmesuradas con respecto a la democracia (261).

Para Innerarity, el riesgo más agudo que trae una política nacida de la indignación tiene que ver con que el descrédito generalizado hacia las élites políticas se convierta en desafección hacia el sistema de representación. El 15M con su queja principal, expresada en el “No nos representan” y en su demanda central, “Democracia real ya” revelaría una mentalidad profundamente antipolítica, en la medida que entiende que se reivindica una política sin representación. Bajo esta óptica, la indignación como política perseguiría la eliminación de toda mediación institucional, situando a los ciudadanos directamente en los lugares en donde se toman las decisiones. Este gesto, según el filósofo, pondría el riesgo todo el sistema democrático al poner en tela de juicio tanto los espacios específicos para la deliberación sobre los problemas complejos que afectan a la vida en común como la propia pluralidad de la sociedad. Por ello, frente a la democracia directa exigida por los indignados, el autor sigue apostado por la democracia representativa.

La cuestión básica, que aquí solo podemos esbozar, es que para el autor la voluntad general es al menos tan frágil como las voluntades individuales y por lo tanto requiere de un complejo equilibrio entre deliberación y decisión y entre participación y delegación. Y este complicado juego de equilibrios solo puede darse dentro de las instituciones. Este es al menos el sentido con el que se pensó la división de poderes. Así, ante la situación de descrédito que ha vivido nuestro sistema de representación, la solución no pasaría por eliminarlo de un plumazo. Al contrario, pasa por exigir una mejora: exhaustiva rendición de cuentas, mayor control, renovación de los representantes, toda la trasparencia necesaria, etc. En este sentido, Innerarity no duda en dar la bienvenida a los partidos emergentes “porque nuestros sistemas políticos requieren esas sacudidos que ponen de manifiesto que nadie pueda bloquear el acceso a los nuevos actores y agendas inusuales. Es mejor que esté trabajando en las instituciones políticas, que indignados en los márgenes” (232).

Bajo esta perspectiva, se le puede recriminar al completo y rico recorrido de Innerarity sobre el universo político que resulta muy difícil asumir que el 15M no tuviera pretensiones nuevas cuando ha supuesto la reordenación del terreno de juego político nacido en el 78. Los resultados de la noche de hoy (20D) lo confirmarán. Hay que recordar también que tuvo la simpatía de casi la totalidad de la ciudadanía española y que por lo tanto debe ser entendido más allá del clásico debate entre democracia directa e indirecta. Como se indicaba al principio, lo que el 15M puso sobre la mesa fue que en España la legitimidad de sistema estaba en entredicho porque sus actores principales perdieron la capacidad de convencer. Quizá otros puedan hacerlo.

Por otro lado, tampoco se puede tomar tan a la ligera el fenómeno del populismo, si bien es cierta su deriva peligrosa hacia el anti-institucionalismo, también lo es que la complejidad del escenario europeo lo hace cada vez más probable. Por ello, se precisa igualmente “una buena teoría que nos permita comprender lo que está pasando en el mundo sin caer en la cómoda tentación de escamotear su complejidad”. Frente al populismo, Innerarity propone elaborar una nueva agenda socialdemócrata que surja de la combinación entre liberalismo, socialismo y ecologismo que ponga al mercado al servicio del bien público y la lucha contra las desigualdades sociales. Esta vía nos llevaría a pensar una vez más, y aquí tampoco es el momento, en los fracasos de las terceras vías y otras variantes socialdemócratas en la “gobernanza justa de los mercados” y en sus responsabilidades en esta crisis. Pero para ello, en verdad, también se ha escrito este libro.

En síntesis, Daniel Innerarity nos emplaza con lucidez, frente a derivas impolíticas y postpolíticas, a retomar la política pero también a (intentar) entenderla en toda su complejidad con sus limitaciones, sus espacios y sus actores. Y esto implica asumir, que la política es también un espacio que nos ocupa a todos y a cada uno con nuestras interpretaciones diversas y, precisamente por ello, es el lugar donde cada uno administramos como podemos nuestros naufragios tanto personales como colectivos.

Daniel Innerarity

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1 comment

  1. Imagen de perfil de Antonio Adsuar

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    Releo ahora esta reseña de mi amigo David ya que estoy inmerso en el texto de #Innerarity. Ciertamente hace un buen resumen de las ideas del pensador vasco. Lo que me está llamando la atención más del libro es su capacidad por matizar y conceptualizar la idea de política.

    Si somos capaces de entenderla bien, en sus límites y virtudes, podremos pedirle aquello que nos puede dar. Me parece un texto equilibrado, lleno de advertencias y de esperanzas moderadas. Creo que la parte más floja, y aquí parece que coincido con David, está en el análisis de la problemática económica y de los mercados.

    Aunque yo defiendo la opción reformista y socialdemócrata como Innerarity y aún no he terminado el texto, considero que esta es la parte más mejorable de un texto por otra parte fino y profundo, que nos ayuda a entender mejor cómo el movimiento de los indignados, desde dentro y desde fuera de la política institucional, puede ayudar a renovar una democracia española que ya va camino de cierta madurez.

    Tal vez si hay tiempo vuelva sobre este foro terminado el texto y haga un comentario suplementario. Un saludo a todos y felicidades a David por la reseña.