Inicio Forums Principal AUTOR Y LIBRO DEL MES LIBRO DEL MES Debatimos el legado del editor Josep Janés

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  • #7179
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola a todos,

    Arrancamos el mes de Febrero debatiendo sobre un importante libro que nos aproxima la labor de uno de los editores más importantes en catalán y en español del siglo XX, José Janés. Allá van las preguntas incitadoras para que os animéis a comentar:

    1. Janés cuidaba mucho la edición  del libro-objeto; ¿Crees que las editoriales hoy en día están descuidando este aspecto más que antes?, ¿se edita peor y con más prisa?

    2. Janés trató de compatibilizar la buena edición con la edición rentable, ¿Crees que se puede sostener una editorial sin títulos comerciales?, ¿hay un público suficiente para ello?

    3. El editor catalán trató de abrir la edición española a Europa en un momento complejo; ¿Qué editoriales crees que juegan en mayor medida este papel actualmente?, ¿estamos solo traduciendo best-sellers?, ¿se prima la producción foránea aunque sea de menor calidad?

    #7189
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Os copio aquí el comentario de David Lera, de la librería Artemís de León, que realizó antes de que activara yo el foro de debate:

    Una mirada tranquila y analítica hacia un pasado con una enorme carga de futuro, tan diáfano como el presente que tenemos ante nuestros ojos. Ésta es la idea de carácter general que esbozo con atrevimiento, la idea que como lector entresaco de páginas tan interesantes como aleccionadoras; el propósito biográfico trascendido.

    Me gustaría pensar que libros como éste sirven de guía a los miembros de la industrial editorial, cuyo comportamiento desnortado en algunos casos ahonda la crisis. La severa recesión económica de los últimos años ha acentuado los elementos endógenos nocivos, pero no ha sido su causa. Puestos a buscar situaciones límite, no creo que la trayectoria vital de Janés fuera a la zaga. Le tocó lidiar con una época muy convulsa y salió con bien de todo ello. Sólo la fatalidad del accidente de coche truncó una vida apurada al máximo, pero incompleta, donde «resulta trágicamente significativo que en su muerte desempeñara un papel principal la velocidad». He aquí algunas posibles enseñanzas:

    1) Si nos paramos a pensar, quizás tengamos en “A dos tintas” un retrato cabal con plena vigencia de lo que debería ser un editor. Mengual nos habla de un hombre que consiguió un raro equilibrio entre calidad literaria y ventas, mientras sorteaba casi siempre con relativo éxito los tentáculos del aparato censor. Da cuenta de un proyecto cultural a largo plazo y animado por una ambición sin miedo a los numerosos obstáculos que enfrentó. Janés fue un editor “posibilista”. Prefirió la publicación de obras cercenadas por la censura o con los inconvenientes de una traducción indirecta antes que el ostracismo editorial. La nómina de escritores extranjeros que llegó de su mano a España manifiesta su buen ojo. En sus apuestas por autores españoles hubo de todo: aciertos estrepitosos y libros justamente olvidados. Concibió su trabajo de edición como una obra de arte total, con minuciosa atención al contenido y al continente. La suma de estas cualidades justifica los parabienes hacia Josep Janés.

    2) Mientras leía este libro me he sentido partícipe de un peculiar juego de espejos, reconociendo en las prácticas erróneas de Janés un precedente de vicios actuales. Por ejemplo, la precipitación a la hora de poner en marcha algunas de sus colecciones, abortadas con escasos frutos, o un cierto rumbo errático en ocasiones respecto a los textos publicados. Esta proliferación sinsentido, ¿No recuerda el asfixiante ritmo de novedades que nos asola? ¿Todo merece ser publicado? Cualitativamente ambas situaciones reflejan lo mismo. Y qué decir de la fe que el editor catalán tenía en los premios literarios. Siendo justos, pensaba en ellos como un espaldarazo al talento; pero aún incólumes, ya entonces las consideraciones extraliterarias empezaban a pesar. Si levantara la cabeza y observara en qué se ha convertido el Premio Nadal, el interés espurio que mueve a la gran mayoría de ellos. Mengual reprocha con mucha razón el silencio y olvido -interesados o no, conscientes o inconscientes- sobre el papel de Janés en la introducción de determinados autores foráneos y cómo este hecho prestigia exageradamente a los editores que los han recuperado en la actualidad (p. 283). Así como es pertinente recordar la deuda con sus virtudes también debe hacerse extensible ésta a sus defectos.

    El libro testimonia una vida ejemplar -qué gran acierto no seguir la debida sucesión cronológica y empezar, sin embargo, con el periodo de la Guerra Civil porque muestra desde el principio uno de los rasgos distintivos de Josep Janés: su valor «para anteponer sus convicciones editoriales a la conveniencia política», su afinidad cultural y su amistad con otras personas por encima de las ideologías-, pero su envergadura fructifica en un retrato ausente de maniqueísmos sobre ciertos aspectos de la Segunda República, los años de guerra y las dos primeras décadas de la dictadura franquista, tomando los entresijos del mundo editorial barcelonés como epicentro. Me he sentido subyugado por los avatares de Luys Santa Marina, Félix Ros, Sebastián Juan Arbó, Francisco Candel…; me abruma, y sobre todo admiro, la generosidad del editor para con sus amigos presos del infortunio, que disfrazaba sus dádivas con la apariencia de transacciones comerciales -ay, ese armario donde se apilaba tanta traducción inútil a la postre.

    Como a Antonio, a mí también me llamó la atención “A dos tintas” por su exquisita presentación exterior. La cubierta es un rendido homenaje al buen gusto del que hacía gala Josep Janés en sus ediciones (“La garden party”, “Flush”, “El dietari d’un pobre home”…). Sin embargo, no estoy tan seguro de que fuera de su agrado las erratas -demasiadas- que se han colado en el texto.

    La distinción entre “editores sí” y “editores no” que Giulio Einaudi le explicaba a Severino Cesari siempre me ha parecido una definición excelente para separar el grano y la paja. Acudo a ella de forma recurrente. Tras la lectura de este libro, sumo con idéntico entusiasmo los modos de ser editor según Janés: comercial, misional o mixto. ¡Qué agudeza!

    Le agradezco a Josep Mengual su “A dos tintas”. Para los que estamos interesados en el mundo de la edición es una lectura imprescindible.

    #7190
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola!,

    Paso a comentar algunas ideas de David en su magnífica y extensa aportación. Estamos de acuerdo en que Janés representa “Un pasado con una enorme carga de futuro. Conocer su labor sirve para entender muchas de las situaciones actuales. Quizás, como también afirma David, los editores deban acudir a este texto para comprender que no siempre se enfrentan a problemas tan nuevos como pudiera parecer. Existen ejemplos de generaciones anteriores que, como se ha dicho, tuvieron que enfrentarse a una época muy dura y supieron salir adelante.

    Estoy seguro de que si lo pensamos bien preferimos encararnos con las mutaciones tecnológicas y los nuevos paradigmas actuales que con la censura y la horrible postguerra de los años 40. Como bien asevera David y deja claro Mengual a cada paso de “A dos tintas” “Janés fue un editor “posibilista”. Por delante de consideraciones políticas e idiomáticas decidió jugar sus cartas para poder desarrollar una labor editorial de largo aliente, que supiera conjugar alto valor cultural con rentabilidad económica.

    También me ha llamado la atención la vinculación que hace David  con las múltiples colecciones fallidas de Janés cuando afirma “Esta proliferación sinsentido, ¿No recuerda el asfixiante ritmo de novedades que nos asola? ¿Todo merece ser publicado?”. No  obstante, y  saliendo un poco del texto de Mengual, creo que la proliferación de textos va a ser una constante de la era-red. La autopublicación no va hacer sino crecer y quizás debamos redefinir los criterios sobre lo que merece ser publicado. ¿Qué hubiera penado Janés del ebook?, me preguntaba sin cesar durante la lectura del texto.

    Termino citando a David de nuevo cuando nos dice que muchos descubrimiento de autores foráneos de Janés han sido reivindicados por otros editores por causa de la desmemoria. No tdo es nuevo, no ha nacido la edición ayer y quizás recuperar la trayectoria de editores tan egregios como Janés nos pueda servir para afrontar los retos de futuro. Por todo ello hemos organizado con Josep Mengual una mesa redonda en Barcelona, en la librería LAIE de Pau Clarís, el día 20 de Febrero a las 19’30h, que también servirá para rendir homenaje al gran editor Josep María Castellet, recientemente fallecido. Sirvan estas líneas como adelante, pronto daremos más información en esta web sobre aspectos adicionales de este encuentro.

    ¡Saludos a todos y animaos a comentar este magnífico texto janesiano

    #7216
    David
    Participante

    A tu primera pregunta, no poseo los elementos de juicio suficiente respecto al pasado. Conozco desde crío la colección de los Premios Nobel de Literatura que se cita en “A dos tintas”. Mi tía Mari tiene algunos, aunque su fecha de edición, si no recuerdo mal, es posterior a la muerte de Janés, es decir, la publicación ya correspondió a Germán Plaza. Desconozco si varían demasiado en relación con los originales. A mí siempre me han gustado. He repasado especialmente, además, tres libros muy añejos de mi biblioteca: “Mientras llueve en la tierra”, de José María Jove (Destino, edición de 1953), “Los hombres de la tierra prometida”, de Claude Brown (Luis de Caralt, edición de 1969) y “Cuerpos y Almas”, de Maxence van der Meersch (Círculo de lectores, edición de 1965). Los tres están encuadernados en tapa y con los pliegos cosidos, lo que prueba esmero en la presentación, pero ninguno de ellos se libra de incorrecciones tipográficas. Junto con otros volúmenes antiguos, como la Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV entera -también de mi tía y que me regaló en mi época de colegial- y otros, me parece poco bagaje para juzgar cómo se editaba antaño.

    Todo editor debería aspirar a que su trabajo dijera sin decir palabras, que quien posara su vista sobre sus libros adivinara su firma sin ver el pie editorial; la variables implicadas en el diseño o el texto en sí deberían ser indicativos elocuentes que afirmaran apenas sin margen de equivocación quién es el responsable. Éste es el libro de tal o cual porque… De las páginas de “A dos tintas” se desprende que la excelencia buscada por Janés corría pareja a este propósito. ¿Los colegas actuales comparten la misma ambición? Pienso que en la mayoría de los casos la repuesta es afirmativa, pero los resultados prácticos distan del objetivo. Mi interés por el mundo de la edición me condujo, ya hace unos cuantos años, al excelso “Manual de edición y autoedición”, de Martínez de Sousa. Para bien o para mal -estimo lo primero-, he hecho míos sus criterios. Así que no demasiados libros de los publicados ahora me satisfacen plenamente. No me llevo bien con las viudas, las huérfanas, las páginas de birlí mal resueltas, la ausencia de páginas de respeto, las sangrías inadecuadas, etc. Entiendo que el lector medio, ignorante de estas pautas, sólo se ofenda ante la contumacia en las erratas, pero la verdadera edición abarca muchísimo más. Por eso, la labor del editor es tan complicada y apasionante.

    Maeva, Alfaguara, Impedimenta o Galaxia Gutenberg, por ejemplo, son editoriales cuyo trabajo tipográfico me convence; sus cubiertas las identifican con nitidez. Alabo sin discusión la exquisitez de los libros de Campgrafic, cuyos párrafos en bandera me enamoran por su originalidad; casi nadie utiliza este recurso, qué pena. Mi admirado Mario Muchnik ha establecido una conexión sutil entre las ilustraciones de cubierta y el contenido; en ellas está la esencia del texto. En este recorrido personal, incompleto, discutible, no me olvido de dos editores leoneses -Joaquín Alegre y Mr. Griffin-, janesianos ¿sin saberlo?, pero no a su pesar. Reverencian su profesión como pocos. Con ambos charlo regularmente. Me siento un privilegiado porque conozco de primera mano el trabajo de dos “editores sí”.

    Doy por sentado que en la segunda cuestión te refieres a editores que encuentran su sustento personal en esta profesión. Así, ¿existe alguna edición que no sea comercial? Yo no hago esa distinción. Lo que decía en mi comentario al libro contesta en gran parte tu pregunta. La sostenibilidad depende de un proyecto bien meditado, con la vista enfocada muy lejos. El editor con mayúsculas conjuga sus apetencias con el interés del público. No traiciona las primeras y tiene presente lo segundo. Manuel Gil y Joaquín Rodríguez propugnan un tipo de editor que triunfará si es capaz de entretejer una comunidad entorno a él como paso a previo a la publicación. Algunos ven en esta sugerencia una cesión intolerable. A mí me gusta en la medida de que confronta las ideas con la realidad. Muchas aventuras se van al garete porque el encierro en una atalaya te proporciona una falsa seguridad. Crees observar las cosas con una panorámica adecuada, cuando ciego y sordo te diriges a un fracaso seguro. Las nuevas tecnologías permiten una interacción hasta no hace tanto inimaginable, ¿Por qué no aprovecharlas? Estos consejos valen para todo tipo de editor. La buena edición no entiende de géneros ni de número de lectores.

    Y en cuanto al tercer bloque de preguntas, la situación es muy diferente si lo comparamos con la época de Janés. No hay una dictadura con la espada de Damocles del censor de turno; o una turbulenta Segunda República en la que repartían juego y se enfrentaban fuerzas con escaso pedigrí democrático; o una Guerra Civil, donde a los problemas de libertades había que sumar penurias como la falta de papel. Estamos ante mundo globalizado, conectado, que facilita los viajes de ida y vuelta. España, desde este punto de vista, es permeable, ni más ni menos que otros países.

    El abaratamiento de costes por parte de los llamados editores independientes, con un músculo financiero limitado, ha hecho de la necesidad virtud. Nunca como ahora se ha revisado tan a fondo catálogos de autores extranjeros fallecidos hace mucho, cuyas obras son de acceso libre. Las editoriales con mayor poder adquisitivo también apuestan por lo foráneo, pasado y actual. No destacaría a nadie en concreto.

    Tampoco veo una desproporción evidente entre traducciones de best-sellers y otro tipo de obras. Sí resalto que la traducción, aun de idiomas “exóticos”, se realiza directamente sobre la lengua original. Es rara la traducción indirecta. En los tiempos que estamos, cuando esto se produce lo critico y, si puedo, descarto el libro en cuestión.

    El mercado editorial peca de desmesura en el apartado de las novedades. Se publica en exceso, mucho superfluo y de baja de calidad, pero no me atrevería a decir que lo foráneo prime. Manzanas podridas hay en todos los cestos.

    P.S. Antonio, cuando en mi comentario al libro y tu reseña hablaba de la proliferación no tenía en mente a los autores que se autoeditan. Hago mía tu reflexión.

    #7247
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola David,

    Gracias de nuevo por tu extenso comentario. Tus intervenciones siempre son mesuradas y huyen del tópico que sustenta muchas quejas del sector editorial. Yo mismo en muchas cuestiones caigo en él porque no tengo una opinión formada aunque sí trato de comprender para poder ir redefiniendo mis pareceres.

    Paso a rescatar algunos pasajes que he destacado de tu intervención. Decías que en materia de edición del libro-objeto “los resultados prácticos distan del objetivo….Así que no demasiados libros de los publicados ahora me satisfacen plenamente”. Yo sólo hace poco tiempo me fijo en este aspecto y estoy aprendiendo aunque realmente no tengo formación. Me encantan términos como “páginas de respeto”, por ejemplo. Mi pregunta sería: ¿el lector del futuro va a ser menos exigente con estas cosas?, ¿la rapidez en el trabajo, la inmediatez que nos lleva a publicar novedades sobre temas candentes va a mermar en general la calidad de las ediciones?. Yo mismo, que soy descuidado, me doy cuenta de que desde que no escribo a mano me fijo menos…el entorno red me lleva a cometer más faltas de ortografía, a hacer todo más deprisa.

    No obstante, por otro parte, parece que la gente está rechazando pagar ebooks por su mala calidad en estas cuestiones. Como decía en el Congreso ebook de Huesca Diego Moreno de editorial Nórdica habíamos perfeccionado un arte, el de editar, hasta extremos muy relevantes y ahora parece que esta “finura janesiana” se pierde con el libro digital. Yo me estoy dando cuenta, y el libro “A dos tintas ayuda mucho a comprender este asunto, de que como dices “la verdadera edición abarca muchísimo más. Por eso, la labor del editor es tan complicada y apasionante”

    También destacaría, y creo que esa es otra de las virtudes de rescatar la obra de Janés, que aunque siempre decimos que internet lo cambia todo (yo mismo lo repito a todas horas) hay aspectos vitales que se mantendrán, los editores del futuro pueden aprender mucho de los del pasado. Por ejemplo cuando comentas que  “La sostenibilidad depende de un proyecto bien meditado, con la vista enfocada muy lejos. El editor con mayúsculas conjuga sus apetencias con el interés del público”. Creo que es una forma eficaz de explicar la esencia de un proyecto editorial equilibrado.

    También me ha interesado la referencia a Gil y Rodríguez cuando comentabas que el editor debe crear una “comunidad entorno a él como paso a previo a la publicación. Algunos ven en esta sugerencia una cesión intolerable”. Esto para mi es clave: el rol del editor está cambiando y de ser un prescriptor cultural egregio y distante pasa a ver cuestionado su papel. Esto tiene cosas buenas pero tampoco opino que sea positivo que aparezcan editores “big data” que únicamente publiquen aquellos que saben que va a tener una venta masiva. La concepción de un proyecto de largo aliente con vocación cultural creo que debe seguir siendo fundamental si dejar de lado, obviamente, la necesaria orientación comercial.

    ¡un saludo David y contertulios! ¡Seguimos el debate….!

    #7249
    David
    Participante

    Antonio,

    Avanza la conversación y continuamos afinando. Efectivamente, tu prevención respecto al papel del editor como mero instrumento de modas tan ruidosas como efímeras está cargada de sentido. Ejemplos sobran donde a un libro que tiene éxito le sigue una cascada de otros que buscan las mismas ventas. Es un intento de aprovechar el supuesto filón con muy poca originalidad; incluso utilizan a veces cubiertas que casi son un calco del modelo a imitar. Tras “El código Da Vinci”, la maquinaria de muchas editoriales dedicó gran parte de sus esfuerzos en la búsqueda de otro thriller histórico-esotérico que barriera en la lista de los más vendidos. Otro tanto se puede decir de “Cincuenta sombras de Grey” y todo lo publicado a su estela. En general, abarrotan las mesas de novedades de las librerías con best-sellers fallidos.

    Cuando hacía referencia a Manuel Gil y Joaquín Rodríguez pensaba, sobre todo, en un “editor de cristal” -me permito usar está expresión tuya que me parece muy afortunada- que tiene claras las bases de su proyecto, pero no teme y considera necesario un estudio concienzudo de sus posibilidades. No hablo de un editor sujeto a vaivenes, sino de alguien con la suficiente lucidez para encontrar su nicho de mercado. En ese sentido tomo “Tengo una comunidad, luego edito”. Iniciada la actividad, ese editor permanecerá atento a los ecos acerca de su trabajo. Corroborará aciertos, percibirá errores pasados por alto. Las nuevas tecnologías lo ayudarán a estar al cabo de la calle con gran rapidez. De igual forma, deberá dar respuesta: la inmediatez se impone, lo quiera o no; sin embargo, una buena dosis de prudencia le hará falta porque Internet sobredimensiona alguna de sus respuestas. Pros y contras de la permeabilidad.

    «¿El lector del futuro va a ser menos exigente con estas cosas?, ¿la rapidez en el trabajo, la inmediatez que nos lleva a publicar novedades sobre temas candentes va a mermar en general la calidad de las ediciones?”, te preguntas. Como decía en mi comentario anterior, la ignorancia del lector medio beneficia ediciones descuidadas. Mencionaré un ejemplo: “Canadá”, de Richard Ford. Más de un cliente me llamó la atención sobre este libro porque le indignó tanta errata -al menos en los primeros ejemplares que salieron a la venta. Ninguno me habló de las líneas huérfanas que se cuelan de forma habitual en los textos de Anagrama; o de las sangrías innecesarias en la primera línea de un párrafo que comienza capítulo. No cargo la responsabilidad en el debe del lector, pues este tipo de conocimiento entronca con el puro interés personal. Así lo veo yo, al menos. La obligación recae en la otra parte. Cifro las esperanzas en editores como Diego Moreno, cuyo amor a la profesión no les permite realizar su trabajo al tuntún.

    Finalizo con un asunto que “A dos tintas” no trata. El Janés del presente, aun ducho en la elección de los textos y minucioso en lo formal, fracasará si desatiende el aspecto logístico. Lo dejo como apunte posible para seguir el debate.

    #7275
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola de nuevo David,

    Avanzo sobre tu ideas y trato de añadir comentarios válidos ilustrado con la conversación de tres horas que tuve ayer con Josep Mengual. Por supuesto grabamos una entrevista sobre Janés y “A dos tintas” que publicaremos, muy interesante. Creo que la idea que transmite Mengual en el libro, y esto lo tengo más claro tras conversar con él en persona, es que la historia editorial nos debe servir para guiarnos hoy. Como comentabas necesitamos editores que “No sujetos a vaivenes, sino de alguien con la suficiente lucidez para encontrar su nicho de mercado” sean perseverantes y sepan comunicar. Gracias por usar mi metáfora de “El editor de cristal” pretendía plasmar esta idea de la necesidad de que el editor de hoy sea transparente y comunique mejor.

    ¿Acaso encontrar un nicho de mercado no es conversar con los lectores?. Ayer Mengual comentaba como Herralde es un maestro creando colecciones, consiguiendo que el lector perciba continuidades y proyectos sólidos por ejemplo con “Panorama de narrativas” (¡la peste amarilla para Lara!).
    En esto Janés también fue un maestro y como dices “Iniciada la actividad, ese editor permanecerá atento a los ecos acerca de su trabajo. Corroborará aciertos, percibirá errores pasados por alto”. Observamos diáfanamente en “A dos tintas” como Janés cierra y abre colecciones, reformula planteamientos. La clave del cambio de paradigma, una de la claves vamos, la apuntas cuando afirmas que “Las nuevas tecnologías lo ayudarán a estar al cabo de la calle con gran rapidez. De igual forma, deberá dar respuesta: la inmediatez se impone, lo quiera o no”. Por eso yo en mi post “Ojo al dato: analítica web y nuevos modelos corporativos orientados al cliente” http://librosensayo.com/ojo-al-dato-analitica-web-y-nuevos-modleos-corporativvos-orientados-al-cliente/ (que creo fue curiosamente el post que te hizo acercarte a la bitácora sumer J) reivindicaba la adopción de esta nueva cultura por la gente del libro, de la industria del libro.
    Tu mención a Diego Moreno me parece muy adecuada, es un editor que ha reivindicado su labor y ha afirmado con rotundidad que ésta ha de trasladarse de verdad al entorno digital (lo comentaba en este post sobre su intervención en el Congreso ebook de Huesca: http://librosensayo.com/congreso-e-booki-viento-del-norte-y-calidad-editorial/ )

    Finalmente otra clave crucial. Dices que “El Janés del presente, aun ducho en la elección de los textos y minucioso en lo formal, fracasará si desatiende el aspecto logístico. Lo dejo como apunte posible para seguir el debate”. Esto es fundamental. Lo digital revoluciona la distribución y también en el papel tenemos un grave problema de sobreproducción, gestión de stock y conexión de la oferta de la demana. ¿Servirá el ebook, si es que la gente comienza a adquirirlo pagando, para reordenar el sector en esta área fundamental?

    ¡Un saludo David y tertulianos!

    #7284
    negritasycursivas
    Participante

    No estoy seguro de que me corresponda intervenir acerca de un libro que me es tan cercano, pero ni que sea para agradecer el hecho de que haya tenido tan buenos y atentos lectores, creo que estará justificado.

    Me apresuro a aclarar que Mario Lacruz fue quien se ocupó en Plaza&Janés de gestionar el legado de Janés, en el que hay que incluir la colección de Premios Nobel que menciona David. Yal principio  siguió planes ya trazados, y luego no se apartó de sus líneas generales. Me supo mal comprobar (demasiado tarde) que en mi texto definitivo Lacruz quedó muy relegado, así que sirvan estas líneas para paliar en alguna medida ese error.

    Al hablar de editar «mejor» o «peor», hablamos de muchos aspectos, y a menudo  la tapa dura engaña. Nada me parece más burdo, por ejemplo, que ejemplares encuadernados en tapa dura y fresados en lugar de cosidos. En cambio, hay ediciones en rústica con solapas, que incluyen guardas a color y tienen un aspecto estupendo (pienso en RqR, de Esther Tusquets o en los libros de Gadir, por ejemplo). Pero cuando el interior es ilegible, las cajas invaden la página, el interlineado dificulta la lectura, etc., obviamente el libro estará bien encuadernado, pero no bien editado. Editar bien abarca un cúmulo de pequeños detalles. Quiero decir con ello que a veces la tapa dura es solo un pretexto para justificar un precio mayor (de una tirada corta). Hay quien piensa que la tapa dura dignifica el libro. Bueno, yo creo que no por sí sola. La vieja tradición de editar en rústica las novelas «de autobús» (del oeste, policíacas) y en tapa dura la literatura hace tiempo que se puede dar por definitivamente por perdida. Los casos son tan abundantes que no vale la pena detenerse en ello.

    Quisiera de momento apuntar un par cosas. Me parece equívoco plantear una disyuntiva entre libros comerciales y libros buenos. Ahí estamos hablando de textos, no de libros. Y la historia demuestra que los títulos más vendidos (La montaña mágica, la Biblia, La Regenta, el Quijote…) son clásicos y de unas cualidades literarias indiscutidas. La buena literatura no tiene por qué no ser comercial. Me parece el mayor fracaso posible publicar libros birriosos a sabiendas de que lo son, pensando que venderán mucho, y que no se vendan. Hay que buscan un equilibrio, y repito que creo que hay novelas literarias muy vendedoras. En mi opinión, Murakami es un ejemplo muy claro de ello. Y subrayo el hecho de que hablamos de textos porque me desagrada hablar de «libro electrónico», me parece un término muy desafortunado que se aprovecha del prestigio cultural del libro (que es un objeto) para aludir a lo que en realidad no es sino un archivo de texto. A todos nos gusta la lectura, pero a algunos además nos gustan los libros; así de simple, no se trata de una pugna.

    Ciertamente, como también se ha señalado, creo que en la historia editorial pueden encontrarse muchos errores y aciertos que pueden orientar a quien edita hoy. Pero hay que abrir los ojos ante el hecho muy lamentable de que la censura sigue ahí. Seguimos leyendo libros censurados, seguimos reimprimiendo libros con los cortes que le pegó la censura a esos textos. Me consta que a menudo se reimprimen traducciones de libros con los cortes de la censura le aplicó, y eso me parece muy grave. Ahí hay un terreno abonado para los editores, para recuperar esos textos en su integridad, pero, claro, eso supone retraducir algo que, en apariencia, ya está traducido. En el caso de Knut Hamsun se ha hecho. Y en el de Paco Candel. Pero los casos pendientes son numerosísimos, y muchos de ellos afectan a novelas escritas en español. Hay que ir a los informes de censura, a los textos tachados, y restituir los pasajes mutilados. Menciono en el libro el caso de Max Aub (pp. 32-33), pero es un ejemplo entre otros muchos. Y aun así, no es infrecuente que cuando algún audaz editor desea recuperar textos publicados en los años cuarenta o cincuenta recurra a traducciones publicadas bajo censura.

    Abro el libro con lo que parece una verdad incontrovertible, el editor se expresa mediante su catálogo,  con sus luces y sombras, y entendiendo el catálogo no sólo como un listado de títulos y autores, sino de descripciones de libros (formatos, ilustraciones, tipo de encuadernación, prólogos, etc.). Y aclararé que la idea quizás un poco excéntrica de no seguir el orden cronológico respondía a esa idea de señalar la guerra civil como el momento clave en nuestra historia editorial y en la biografía de Janés en particular, en que todo cambió. De no ser por ella, podría haber sucedido que Janés se convirtiera en un gran poeta en lengua catalana y en un editor de primera fila, en catalán. La decisión de regresar enseguida de su breve exilio en París es un episodio poco claro, pero es evidente que podía cumplir la misión que se había asignado mejor en la Barcelona «franquistizada» que en París, México o Buenos Aires. También pesarían consideraciones personales (pues era huérfano de madre desde muy joven y de padre desde 1935; era el cabeza de familia, y la suya seguía en Barcelona).

    No me extiendo más, pero sí quisiera reiterar de corazón mi agradecimiento por estas lecturas tan atentas y meditadas.

    #7286
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola Josep y tertulianos!,

    ¡Todo un honor tener al autor de “A dos tintas” como usuario de librosensayo.com y compartiendo con nosotros el foro!. Una cosa que he aprendido con este libro y con las intervenciones de David es la enorme complejidad de detalles que tiene el libro-objeto. Ciertamente se están mandando una gran cantidad de mensajes al lector con el tipo de tapa, el color, el tamaño, la tipografía. Es evidente que todos estos signos son descodificaos inconscientemente pero el editor debe ser capaz de entender cómo van a afectar a la percepción que el lector tendrá del textos. Un apunte personal: a mi la tapa dura me molesta y prefiero el libro de bolsillo siempre que la letra sea muy pequeña.

    Hoy por ejemplo he estado en la librería LAIE del CCCB y me ha gustado la edición de la editorial Punto de lectura de “El precio de la desigualdad” de Stiglitz que ya tenía una cubierta muy original. Os dejo en enlace, irresistible a 9’99: http://www.puntodelectura.com/es/libro/el-precio-de-la-desigualdad-15/

    La distinción entre libro y texto que comenta Josep me parece muy interesante. Y además creo que opinar así o estar en descuerdo puede tener implicaciones más allá de las conceptuales. Acudo a la RAE y encuentro lo siguiente en la voz “libro” :

    (Del lat. liber, libri).

    1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.

    2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico.

    6. m. Der. Para los efectos legales, en España, todo impreso no periódico que contiene 49 páginas o más, excluidas las cubiertas.

    ¿Tiene el libro que ser un objeto?. No estoy seguro. Lo que creo es que el concepto se ha vuelto problemático en un entorno de desorden digital que debe ser reordenado poco a poco. Todas aquellas experiencias que nos servía para comprender los signos de los que hablaba antes ya no nos sirven en el entorno digital como decía Anaclet post en su magnífico “El desorden digital: guía para humanistas e historiadores”, que ya trabajamos aquí: http://librosensayo.com/el-desorden-digital-guia-para-historiadores-y-humanistas-de-anaclet-pons/

    Un saludo y muchas gracias de nuevo Josep por intervenir. Este tema del libro/texto creo que ya lo hemos comentado en Ecos de Sumer hace tiempo y me parece de enorme calado aunque no sepa muy bien qué pensar sobre él.

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1 comment

  1.   

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