EDUCACIÓN Y MOVILIDAD SOCIAL: EL FRACASO ESPAÑOL

* Una reseña de David Soto Carrasco. @dsotocarrasco A propósito de: Ildefonso Marqués Perales, La movilidad social en España. Madrid, Los libros de la Catarata, 2015, 213 pp. …

portadaulo* Una reseña de David Soto Carrasco. @dsotocarrasco

A propósito de: Ildefonso Marqués Perales, La movilidad social en España. Madrid, Los libros de la Catarata, 2015, 213 pp.

En La movilidad social en España, Ildefonso Marqués Perales, doctor en Sociología especializado en clases sociales analiza de forma exhaustiva el cambio de las condiciones sociales en España entre 1950 y 2009 y el resultado parece claro, una situación mejor que hace años pero no lo suficiente. Estamos ante un libro necesario que nos revela las consecuencias aparentemente invisibles de la crisis pero que sobre todo manifiesta el peso que el factor clase social sigue poseyendo sobre la movilidad social en la sociedad española. Con marcado y apreciado carácter divulgativo se pretende responder a tres cuestiones: dónde sucede esta promoción, quiénes son los beneficiados y cómo se justifica. En este espacio, la educación juega un papel determinante como ascensor social capaz de imponer el mérito a la tradición. Sin embargo, esto ya no está tan claro. Al calor de la crisis, las desigualdades sociales han aumentado y el tópico de que esta generación va a vivir peor que la de sus padres se ha hecho mainstream. En este sentido, otro gran acierto de este libro es intentar meter la movilidad social en la agenda política.

El trabajo de Ildefonso Marqués, que aquí solo será presentado, revela en un meticuloso análisis que, pese al triunfo discursivo del dogma neoliberal del “todos somos clases media”, las clases sociales nunca se habían ido. De hecho, en términos de movilidad absoluta, que analiza el porcentaje de personas que cambia de clase social, España ha sufrido las mismas transformaciones que la mayor parte de las modernas sociedades europeas, sin embargo nuestra clases sociales se parecen más a las de aquellas sociedades que han sufrido una industrialización tardía: Polonia, Hungría, Rumanía, Grecia y Portugal, que debido al abandono del campo y a la transferencia desde la clase obrera a la clase administrativa y de servicios han tenido movilidad ascendente. Pero en cuanto a la movilidad social relativa, que estudia la posibilidad que tienen personas de distinto origen de alcanzar una mejor posición social, estamos realmente mal, somos uno de los países donde el origen de los padres influye más en el destino de los hijos. Dicho de otra manera, se puede aseverar que en el ciclo temporal largo ha habido una mejora en términos económicos y sociales, pero si nos centramos en la movilidad relativa se constata que la distancia entre ricos y pobres ha aumentado en la medida en que el nivel económico de los hijos depende cada vez más del de sus padres, hecho que se agudiza a partir de la crisis.

Una vez detalladas las características de la movilidad social en España que van de la mano de su proceso de modernización histórico, Marqués Perales y Carlos J. Gil Hernández en un capítulo conjunto presentan las diversas teorías sobre movilidad social desde Parsons hasta Bourdieu, que concretan la importancia del mérito (“el individuo, independientemente de su origen, puede llegar donde sea”) como principal criterio a la hora de distribuir posiciones sociales y establecen la educación con el principal factor para explicar la movilidad social ascendente. No obstante, los autores ponen de relieve que este proceso se ha roto y que la educación ya no funciona por sí sola como una herramienta para promover el ascenso social. El peso del factor clase social es hoy determinante. Así por ejemplo, los padres con un elevado nivel educativo suelen pasar más tiempo con sus hijos: jugando, leyendo o estimulando el aprendizaje, lo que explicaría el desarrollo de más habilidades cognitivas en los hijos de este tipo de familias y, por tanto, su mayor logro escolar. Además, el hecho de que los hijos de familias con menor nivel educativo y clase social presenten un mayor fracaso escolar tampoco es algo casual tiene que ver también con la elección de seguir en el sistema educativo o no pero también con su expectativas sociales y de vida. Si la educación no supone una oportunidad evidente de promoción social y los costes son elevados, supone un riesgo y por tanto puede desincentivarla para las clases más desfavorecidas. Aquí se explicaría como un contexto económico favorable como fue el boom de la construcción jugó un papel importante en los resultados educativos de las clases bajas españolas. No se puede pasar por alto que, según Eurostat, España sigue en 2015 a la cabeza de la UE en abandono escolar prematuro con una tasa del 21,9%, el doble que la media comunitaria.

La profundización en estos ejemplos revela que la promoción social se emplaza en la actualidad más allá de la educación. De hecho, tal y como resalta Marqués Perales la movilidad social, junto al recurso educativo y al estatus económico, viene determinada fundamentalmente por el capital social, que en última instancia viene asociado al origen familiar. El capital social está formado por los vínculos fuertes (familiares y amigos cercanos) y los débiles (conocidos y compañeros de trabajo). Ambos se aprovechan para la búsqueda de empleo. En ese contexto, las clases funcionan como grupo y aquí, una vez más, las clases trabajadoras tienen menos recursos. Para las clases altas, las escuelas de negocios privadas suponen un escenario ideal para generar y reproducir este capital social en los sectores más favorecidos. Esto tiene también sus consecuencias en los procesos de selección de personal. Ya el mérito por sí solo no vale. Como indica nuestro autor, esto quiere decir que los hijos de las familias más desfavorecidas no pueden desarrollar todo su potencial debido a las limitaciones ambientales. Por ejemplo, si tienen sobrecualificación pero padres sin estudios o con estudios primarios tienen más posibilidades de estar empleados en profesiones de sectores con baja cualificación. Esto pone en evidencia que las familias con mayores recursos culturales, sociales y económicos pueden proveer a su descendencia con ellos. Entre universitarios con el mismo nivel de esfuerzo y habilidad, el origen social se muestra en España por tanto como un factor que marca diferencias. Más, si cabe, en un país en el que el empleo, orientado al comercio, la hostelería, el turismo y la construcción, se caracteriza por el alto grado de temporalidad, baja cualificación, etc.

En síntesis, el atinado análisis de la movilidad social en España de Marqués Perales hace patente la estrecha relación que guardan los orígenes sociales con el destino social y laboral de los hijos. Así, dependiendo del nivel de ingresos, desarrollarán unas habilidades cognitivas diferentes y sus probabilidades de fracaso escolar serán diferentes. Lo que pone en evidencia que si bien la educación es la principal determinación de la movilidad social ascendente, por sí sola ya no basta. En este sentido, se requiere una intervención (pedagógica) más efectiva del Estado a la hora de paliar esta situación de desventaja inicial. Esto revelaría, por un lado, la debilidad y el escaso desarrollo e implantación del estado del bienestar español en cuanto a justicia social en comparación con otros más avanzados como los nórdicos y por otro, cómo la crisis actual está agudizando las diferencias y las distancias entre los diversos extractos sociales. En la España de hoy la educación por sí sola no es suficiente para romper el círculo de la reproducción social. Si naces en un estrato bajo pese a haber pasado por la universidad tienes muchas más posibilidades de seguir perteneciendo al mismo de tus padres. El ascensor social se ha parado. Y el darwinismo social está a la vuelta de la esquina…

En este contexto, la cultura del mérito o del esfuerzo, tan de moda ahora, igual que la cultura del emprendedor, ambas implantadas por la LOMCE en los centros de enseñanza, se constituye como una mezcla de doctrina conservadora (tradición, autoridad, jerarquía, derecho natural, etc.) y pensamiento liberal (libertad, interés, competencia, utilidad, etc.) que hace del fracaso personal, de lo que en verdad es una situación colectiva, una tara psicológica individual y que pretende de manera hegemónica hacer tolerable la creciente desigualdad social. El relato neoliberal lo proclama de manera clara: el paraíso para los afortunados y el infierno para los fracasados. Así también lo vio Owen Jones en su conocido Chavs. La demonización de la clase obrera cuando aseveró que: “Nacer en una familia acomodada de clase media por lo general te dota de una red de seguridad vitalicia. Si no eres muy brillante por naturaleza, aun así tienes muchas probabilidades de llegar lejos y, como mínimo, nunca sufrirás pobreza de adulto. Una buena educación, acompañada del «capital cultural», el respaldo económico y los contactos de tus padres te ayudarán. Si eres un chico brillante nacido en una familia de clase trabajadora, no tienes nada de eso. Lo más probable es que no seas más rico que tus padres. El sistema de clases británico es como una cárcel invisible”. Lo mismo sucede con el español. Con juicio el autor apunta que “las reformas emprendidas por el gobierno del Partido Popular suponen, en este sentido, un compendio de lo que no debe hacerse. Son pasos hacia atrás”. Aumentan la desigualdad social y frenan en seco el ascenso social. La LOMCE es una muestra de ello. Llegados a este punto, Marqués Perales lleva a cabo su apuesta política que pasa por una vuelta a la socialdemocracia. Sabe que la existente se ha olvidado hace tiempo de este tema. Ahora bien la cuestión que podría hacerse sería otra: ¿qué herramienta política puede llevarla a cabo?

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