Inicio Forums Principal AUTOR Y LIBRO DEL MES LIBRO DEL MES UN VERANO CON JEAN ECHENOZ: ¿ES POSIBLE AMAR A UN EDITOR?

  • Este debate tiene 5 respuestas, 5 mensajes y ha sido actualizado por última vez el hace 10 años por María.
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  • #8599
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Buenas amigos lectores, Lucs todos,

    He extraído algunas ideas de las micro-reseñas de @apaa y @maria-ripoll-cera y en ellas basaré las cuestiones para orientar el comentario del texto.

    1.¿Cómo valoráis, como comentaba María, la importancia del editor a la hora de decidir si un escritor tiene talento o si su texto merece ser publicado?, ¿Cómo créeis que influyen los nuevos procesos de “validación” de los méritos de un texto que se están dando en plataformas de autopublicación inviertiendo en cierta forma una legitimación que iba de “arriba a abajo” al pasar a procesos de selección de textos más “de abajo a arriba”? (vaya pregunta más larga me ha salido)

    2.Como apuntaba apaa la frontera entre el ensayo y la ficción no es tan evidente como pudiera parecer a primera vista. Me resulta curioso que los periodistas siempre presentan librosensayo.com como un “portal literario”… y no creo que deba corregirles porque en parte es una afirmación cierta. ¿Qué caracteriza por tanto al ensayo frente a la narrativa?, ¿Es el libro de Echenoz un ensayo o una novela?

    Debate-para-post

     

     

    ¡Al ataque, no sean tímidos!..esperamos vuestros comentarios 🙂

    #8612
    Silvia
    Participante

    Hola Antonio y amig@s Lucs

    No cabe duda de que las interrelaciones autor-editor están pasando por momentos de extrema transformación, por lo cual encuentro máximo interés en este debate.  No me parece mal que el editor haya perdido el monopolio de decidir qué se publica, en favor de un público lector progresivamente más activo, pero ambos extremos me parecen equivocados.

    Me explico: pienso que el editor no es infalible, pero la suma de su experiencia, intuición y conocimientos no debe desdeñarse. Tampoco deberíamos dejarnos llevar del todo por la «dictadura de las masas», pues tampoco son infalibles, pero dejar de escuchar su voz es igualmente erróneo.

    Quizás con la narrativa es más opinable qué merece o no la pena realmente, pero con el ensayo yo tengo claro que es fundamental un buen estudio de mercado y del público lector. Y me da igual si lo hace el editor o el propio autor (o alguien contratado por cualquiera de los dos).

    Prefiero decantarme por aprovechar lo mejor de ambos mundos:

    • Me parece importante la guía que los editores proporcionamos en la selección de títulos, la inestimable utilidad de nuestros métodos y el extra que proporciona la experiencia de décadas de trabajo con autores. Y, cómo no, ese especial «buen olfato» resultante de todo ello, que nos permite diferenciar de lo mediocre lo bueno, o de lo contrario, al menos aquello que presenta buenas potencialidades. Rara vez un manuscrito original es un buen producto editorial. De por medio hay mucho, mucho, muchísimo trabajo. Pero si la base tiene posibilidades, siempre será mejor el resultado.
    • Por otro lado, es fundamental que no olvidemos que nuestra razón de ser es el lector. Y ahora se puede contar con él más que nunca, pues ahora más que antes está dispuesto a expresar públicamente qué es lo que quiere y qué es aquello que está dispuesto a leer. Es más fácil que nunca conocerle, sería de necios desaprovechar tamaña oportunidad.
    #8668
    David
    Participante

    Este «Jérôme Lindon, mi editor», como «Correr», los dos libros que he leído de Jean Echenoz certifican la máxima menos es más. Así también entiendo las dos micro-reseñas que nos presentan el libro del mes, notas rápidas y diestras sobre los leitmotiv que se desprenden de su lectura. Mis felicitaciones para @apaa y, de nuevo, pues ya lo hice vía twitter, para @maría-ripoll-cera.

    Es un hecho evidente que el desarrollo tecnológico y la generalización de Internet han traído como una de sus muchas consecuencias la puesta en cuestión del papel del intermediario en el mundo del libro. La primera pregunta constata un pensamiento creciente: el editor como figura cada vez menos necesaria. En la práctica, la facilidad de la autopublicación da cuerpo de naturaleza a cualquier texto, lo cual no debe confundirse con su legitimidad. La ausencia de un filtro, una frontera que seleccione, no resta méritos a lo publicado, pero tampoco se los da. “Rara vez un manuscrito original es un buen producto editorial. De por medio hay mucho, mucho, muchísimo trabajo”, afirma bien @silvia-g-olaya. Habrá quien estime en poco los consejos de Jérôme Lindon a Jean Echenoz, pese a que el paso del tiempo los validara. A algunos les escandalizará la intervención tan manifiesta de Gordon Lish sobre los originales de Raymond Carver, aunque una comparación entre el antes y el después demuestre el trabajo sabio del gran editor -también él un excelente escritor. “Un libro bien hecho para un libro bien escrito sobre un asunto bien traído” es el ideal de la buena edición para Andrés Trapiello. Así nos lo dice en «Imprenta moderna: tipografía y literatura en España, 1874-2005». ¿Podemos tender hacia él sin un editor? Para mí, es muy improbable. Este nuevo contexto nos pinta, quizás, un estatus diferente, un “editor de cristal” -Adsuar dixit- atento a lo que bulle en la comunidad lectora, pero ¡editor!

    La hibridación de géneros es ya un género en sí misma. Y si atendemos al canon de algunos, el colmo de la modernidad. No veo con ningún recelo la transgresión de límites. Procuro fijarme en los resultados y juzgar al respecto. «Jérôme Lindon, mi editor» surge a raíz de la muerte del protagonista del libro y cristaliza en un largo y sentido obituario, pero también ronda la memoria personal del autor y, dada la condición de ambos, concluye aquí y allá sabias enseñanzas sobre el mundo editorial. Es éste un ejercicio parco en palabras y abundante en ideas, es una novela sin serlo y, a fuer de su brillantez estilística, dice muy bien y sugiere mucho más. @apaa resume un sentir -pesar- que comparto plenamente: el déficit literario que acompaña al ensayo. Como él, también, presumo un hallazgo la obra de Echenoz y me quedo atrapado con deleite en este tipo de emboscadas.

    Un saludo para todos los amigos libroensayistas.

    #8697
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola Silvia y David y demás contertulios y Lucs, lectores todos,

    Desde luego me alegra que esta breve joya haya calado hondo. Para mi es un hito que de nuevo sean usuarios de la web lo que hayan hecho las reseñas (que yo mismo propuse que fueran expedidas en formato micro, acorde a la longitud y delicadeza del texto de Echenoz). Por todo ello reitero mi agradecimiento a @apaa y @maria-ripoll-cera

    Entro ya en materia. Estoy de acuerdo con @silvia-g-olaya cuando afirma que “No me parece mal que el editor haya perdido el monopolio de decidir qué se publica, en favor de un público lector progresivamente más activo, pero ambos extremos me parecen equivocados”.

    Creo que podemos encontrar un justo medio, un punto de equilibrio. En eso estamos. La pregunta clave que siempre está presente, cual espíritu santo que nos impregna es ¿Cómo diferenciar lo mediocre de lo bueno? O quizás ¿Quién decide que algo merece la pena ser leído?. ¡Hay amigos, espinosa cuestión!.

    Creo que a este respecto es pertinente insistir en una distinción y señala. Podemos hablar de “publicar” como poner a disposición un texto, única y simplemente o de “publicar” como dar valor, como el acto de afirmar que algo merece la pena ser leído. Cuando Debate publicar algo lo hace porque cree que vale la pena y al “publicarlo” en el segundo sentido le da un “label”, lo incluye en un mundo de textos y significados que está formado por una constelación de contenidos que antes prescribió.

    ¿Puede un autor darse a si mismo el “SÍ quiero” y afirmar que lo que ha escrito es válido?. Para muchos editores esto es una aberración pero es lo que hacemos todos ahora constantemente cada vez que publicamos un post en un blog (por hablar de mi caso).

    Para redondear la reflexión considero que @david-lera establece muy bien la diferencia cuando dice que “da cuerpo de naturaleza a cualquier texto, lo cual no debe confundirse con su legitimidad”

    No confundamos “autopublicación” y “autoedición. Esto lo aprendí de la mano de @marianaeguaras

    Dos apuntes para terminar porque no me quiero extender. ¿Qué pensáis del editing?. ¿Debe el editor reescribir el texto de autor?, ¿Hasta qué punto?…¡los hay que han reclamado derechos de autor incluso!. Agradecer para terminar a David que recuerde aquella expresión de “Editor de cristal” que inventé un día feliz. Últimamente estoy trabajando con San Google para reconocer pautas de palabras clave por las que la gente llega a la web y parece que este apelativo ha hecho fortuna. Buenas lecturas a todos, yo estoy con este (¡Y con SUPERFICALES por supuesto!). ¡Aprovecho para agradecer a Turner libros que me lo regalara!

    Sirenas-fet

    #8701
    negritasycursivas
    Participante

    Para empezar con la cuestión que plantea María: La selección de títulos es sólo parte del trabajo que debe hacer un editor, y sí, debería estar suficientemente preparado para hacerlo bien (en su campo). En muchos casos, que guste a mucha gente no hace un texto más pertinente, interesante o perdurable. Basta con ver qué se vendía a espuertas (o como pan caliente) hace cincuenta años, para darse cuenta de ello.

    En el caso de la litertura, el problema, creo yo, de la autopublicación es que puede convertirse en un generador de  «ruido» que haga todavía más difícil que las obras valiosas consigan tener visibilidad. No creo que el valor esté en la aceptación masiva de un texto.  Se entremezclan dos cuestiones al preguntarse qué vale la pena ser leído y qué es valioso o bueno. Las novelas no literarias me parecen muy legítimas, vale la pena leerlas, aunque repitan unos mismos esquemas, no aporten ninguna noveda, etc, etc.  Es como en el caso de «Its only rock´n´roll (but I like it)». El único modo de diferenciar lo bueno de lo malo es siendo un buen lector (cosa que, no digo que sea fácil, pero algunos sistemas educativos no parecen fomentar), haber leído mucho, tener una formación y una curiosidad amplias…, y eso tampoco garantiza el acierto. En este sentido el mejor juez es el tiempo, porque considero acertada la definición de clásico como «aquel texto que es válido para diferentes generaciones», aunque no para todas ellas el valor de ese texto resida en los mismos aspectos o elementos del texto.

    No puedo estar más de acuerdo en que la elección de incluir un título en un sello es una pieza más en un catálogo, y que ese mismo hecho de incluirlo en un catálogo y/o en una colección ofrece unas claves acerca de la propuesta que hace el editor, del valor que está otorgando a un determinado texto.

    En cuanto al editing, la experiencia me dice que sí es necesario. Recomiendo la comparación del On the road original (el rollo) y la edición que hizo Malcolm Cowley para Viking (Anagrama tiene en catálogo ambas). Salvo para filólogos y estudiosos, y al margen de que por cuestiones legales ocultara los nombres propios, me parece que Cowley hizo un muy buen trabajo y que la novela ganó mucho con su intervención.  Casi diría que la hizo comprensible.

    #8727
    María
    Participante

    Es fascinante ver cuántas palabras hay ya en Internet respecto al rol del editor. En realidad, el abanico de posibilidades es ya tan amplio que hay para todos los gustos ; ) A mí me llama especialmente la atención cuántos «asesores de escritores» están emergiendo, para ayudar al escritor en su camino de autopublicación (o de contacto con un editor).

    También me parece muy rico la inmensa oferta de lecturas gratis o a mucho mejores precios que antaño de todo tipo de libros. Sé que hay tipos de lectores, los hay más rigurosos con la escritura, de buena ficción o por género, pero para curiosos como yo no hay mejor época que ésta: he seguido mucho tiempo las historias breves de adolescentes para leer en el metro de movellas y disfrutado enormemente con sus sueños y puntos de vista, y alterno con placer innovadores literarios (Juan José Sauer, mi próxima lectura), con clásicos en libros viejos, policíaca o un best seller en inglés abandonado en la calle, todos aportan (bueno, hay algunos insoportables), ¡y de lo malo se aprende mucho!

    Y al final, muchas de las buenas lecturas te llegan por simple ley probabilística: entre tantas lecturas, alguna tiene que ser esa joya personal que te acompaña toda la vida. En cambio, ¡cuántas recomendaciones defraudan! La última -y con ella abro de nuevo fuego-, la novela de Echenoz «Je m’en vais», comprada a raíz de la curiosidad que me generó la lectura de Echenoz-Lindon. Es verdad que me la he leído en francés y por tanto perdido parte de su esencia por mi falta de hábito, ¡pero me ha decepcionado enormemente! Es una novela tan de hombre, sin emoción, tan existencialista pasados los años, que al cerrar la última página me ha hecho exclamar: ¿pero dónde está la historia? Y en la última página… ¡vuelve a casa! agggg, no puede ser. Siento esta crítica tan personal, no he sido dotada para juzgar los libros con objetividad, pero si alguien lo ha leído, me encantará que comparta su lectura del libro. Tengo una segunda novela de Echenoz que me leeré para darle una segunda oportunidad, o la sentencia definitiva ; )

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1 comment

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