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  • #10275
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Saludos amigos LUCs y lectores,

    Comienza marzo con el calor arrancamos esta pre-primavera sobre un libro peculiar e interesante, que trata un tema muy actual. Paso a las preguntas para incitaros a debatir este elástico y excelente texto titulado «Redes de indignación y esperanza» de Manuel Castells.

    Redes-para-libro-del-mes-fet

    1.¿Créeis que el análisis que hace Castells sobre el papel positivo de las redes en la organización de las protestas es acertado?, ¿Las redes potencian o debilitan estas revoluciones, como sostiene por ejemplo Cesar Rendueles en el libro «Sociofobia?, ¿Es internet un espacio de autonomía para los ciudadanos como opina Castells o un lugar hipercontrolado por Estados y multinacionales?

    2.¿Qué relación pensáis que debe tejerse entre lo físico y lo virtual, entre la sociabilidad offline tradicional y la online?, ¿Puede una hoy en día darse sin la otra?, ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene cada forma de relacionarse?

    Un saludo y estaré atento a las respuestas…¡este libro mueve mucho al debate!

    Antonio

    #10357
    Juan Pablo
    Participante

    Aprovecho que tengo tiempo para contestar al post de nuestro super administrador (;)) y, sobre todo, ¡para que no acabe marzo sin decir algo! Por cortesía de Antonio, Conchi y, por supuesto, del azar –a todos, muchas gracias de nuevo– recibí la copia de Redes de indignación y esperanza. Se poco de Castells, y lo poco que se lo se por la lectura de un artículo sociológico sobre participación ciudadana en la planificación espacial que leí hará unos dos años para preparar una conferencia sobre sociedad civil (que, al final, no hizo falta que diera).

    Tenía la impresión de que el libro no iba a gustarme. Pero, de entrada, hay dos aspectos que me invitan a su lectura.

    La primera podrá parecer superficial pero, en libros de ensayo, me da la impresión que se tiende a lo negativo. Normal, por otra parte: creo que los que leemos ensayo necesitamos alimentar el aguijón crítico. Pero, lo confieso, a veces ese tono me agota, porque me siento asistiendo a una representación de la tragedia: sin salida, condenados. De ahí que, por una vez, sea gratificante leer algo que lleva la palabra «esperanza» en el título y que explore, justamente, las posibilidades de cambio que pueden (subrayo, pueden) augurar los nuevos movimientos sociales.

    La segunda razón es que, a priori, no estoy convencido de que esos movimientos puedan generar auténtico cambio. Como dice Han en En el enjambre, en las sociedades red de hoy la capacidad para pasar a la acción tras el tecleo es efímera, vaporosa y poco meditada: le falta un relato. Con todo, sí creo que la democracia, en general, es un sistema que permite, dentro de ella, que suceda el imprevisto, lo imposible. De ahí que me interese la perspectiva de aquellos que puedan aportar luz sobre estos temas, no vaya a ser que esté yo equivocado.

    Apenas si he leído las primeras 65 páginas del libro. Con respecto al marco teórico de Castells, necesitaría meditarlo más y seguramente estaré equivocado, pero –aunque él insista en que se trata de una teoría empíricamente fundada– su sociología y su antropología da la impresión de ser un marxismo muy refinado y muy sutil. También los marxistas creían estar haciendo auténtica ciencia empírica en sus explicaciones de la historia, pero hoy sabemos que, más bien, era un recurso para dar más credibilidad a un (meta)relato mesiánico. En todo caso, su idea de que la sociedad es una lucha de poderes para configurar los significados simbólicos en la mente de las personas, se me antoja posible de apoyar en datos pero dificilísimo de probar de modo irrebatible. Por lo demás, como bien vio Hannah Arendt, esa idea de que lo social o lo político es un escenario de dominio del hombre por el hombre es moneda corriente en prácticamente todos los que han pensado la política en la modernidad, da igual de qué tendencia política sean. Es una concepción dialéctica, de la cual Castells no escapa, cuando insiste en la codificación de poderes y contrapoderes.

    Por lo demás, poco más que comentar de la introducción. Si acaso, lo significativo que resulta el método del libro para analizar los nuevos movimientos sociales, basado en eso que algunos sociólogos llaman observación participante y de la cual Castells parece querer huir cuando dice que va a ser analítico y objetivo, lo cual es un contrasentido, porque: a) la observación participante es perfectamente legítima y b) el lector no es tonto y, a poco que conozca algo de indignados y occupy, advertirá inmediatamente que el relato que Castells ofrece de estos movimientos se ciñe a la versión de los propios movimientos y a sus reivindicaciones, que Castells no cuestiona.

    El primer capítulo propiamente dicho arranca comentando los casos de Túnez e Islandia. Es decir, sigue el guión aceptado. Sólo dos dudas:

    • En la p. 42 escribe que los «protas» de la revolución en Túnez fueron jóvenes universitarios sin trabajo y apoya esta afirmación en que en 2010 la tasa de paro juvenil en Túnez era del 21,1%. Admitiendo que el grueso de protestadores fuera ese segmento, ¿realmente esta tasa de paro puede dar lugar a una revolución?
    • En las pp. 55-56 menciona los principios de la nueva constitución que se redactó en Islandia y concluye con que se trata de principios «revolucionarios» en el contexto del capitalismo global. Ahora bien, ¿realmente va «en contra» del capitalismo la igualdad de oportunidades, la igualdad política, el libro acceso a la información, el sistema de listas abiertas, la limitación de mandatos, el derecho de referéndum, el interés público en la gestión de recursos y el respecto a la naturaleza? Mi impresión es que –salvo en la gestión pública de recursos naturales– el resto de principios conforman eso que los liberales clásicos llaman «reglas de juego» y «marcos institucionales» claros. Lo que los islandeses tiraron abajo, afortunadamente, es el crony capitalism, el capitalismo de amiguetes. Que hoy estén otra vez los conservadores en el poder demuestra que Islandia no quería necesariamente tirar el capitalismo sino, si acaso, un capitalismo mejor, más auténtico. Creo.

     

    Y hasta aquí puedo comentar.

    #10372
    Juan Pablo
    Participante

    He llegado a la mitad «simbólica» del libro, que tiene un primer acto con las protestas de Túnez e Islandia y un segundo acto sobre el impacto de esto en el mundo árabe. La tercera escena que Castells presentará son los movimientos de Indignados y Ocuppy.

    ¿Impresión? Que el análisis «sociológico» es leve y que, contra las intenciones de su autor, hasta aquí el libro es más bien una crónica de sucesos contados desde dentro, o sea, desde una cierta complicidad o complacencia. También me inquieta una duda: ¿puede ser que la perspectiva sociológica sea demasiado chata para entender los (o estos) movimientos sociales? Lo digo porque Castells insiste, una y otra vez, en que estos movimientos están formados por: a) gente joven, con estudios, y sin empleo; b) con un manejo hábil y creativo de herramientas digitales; y c) no movidos por ideales religiosos, sino indignados por la corrupción, la falta de democracia y de oportunidades, y el abuso de poder. La prueba, según él, de esto último es que los cambios de régimen que ha habido en algunos países han sido a favor de partidos políticos islámicos, sí, pero «moderados».

    Ahora bien, ¿existe realmente ese islamismo «moderado»? En el uso de este lugar común, creo, sobrevive algo del pensamiento dialéctico o incluso binario (simplificador en todo caso) con que pensamos los occidentales cuando intentamos malamente comprender. En este caso, la idea es clara: hay un Islam «malo» (impone la sharia, es fanático, persigue, regula comportamientos, coarta oportunidades) y un Islam «bueno» (compatible con la democracia, da voz a la libertad, mantiene una separación entre Estado y religión, etc.). Pero ¿realmente esto es así? El Islam como religión es compatible con cualquier régimen político: se puede ser musulmán en democracia o en tiranía. Igual que se puede ser católico en la China comunista o la Francia de Hollande. Pero el Islam es mucho más que una religión: es un sistema social y una forma de vida política. Hay cosas que Castells no dice –y por eso creo que la perspectiva sociológica se queda chata– pero que, quien sepa leer entre líneas, puede entender: lo que tienen (tenían) en común los jefes de los países árabes es su connivencia (más o menos pacífica, más o menos conocida) con Occidente y la aceptación del Estado como forma política. O sea, justo lo que los islamistas rechazan, sean extremos o moderados. Es significativo, a este respecto, el modo totalmente acrítico con que Castells cuenta (pp. 74-75) la participación de Al Jazira en las primaveras árabes, que difundió los vídeos y las noticias incluso cuando los gobiernos intentaron «cortar» internet. Pero ¡¡es que tiene todo el sentido del mundo que lo hiciera!! Al Jazira estaba ahí como actor político, apoyando a la gente no tanto por sus ideales sino porque, en cierta forma, están yendo en contra de dirigentes estatistas y, por eso, «amigos» de Occidente. Esta idea, por cierto, no es mía, sino inspirada por unas palabras de Florentino Portero, que técnicamente es experto en relaciones internacionales y estrategia militar, pero que, cuando habla, lo hace con perspectiva de historiador. ¿Sería la Historia una mejor maestra para entender los (y estos) movimientos sociales?

    En todo caso, lo más interesante de este segundo acto, está al final del mismo, cuando Castells recoge algunas conclusiones de académicos que llevan años estudiando la relación entre nuevas tecnologías y sociedad (pp. 108-111). A saber, que:

    1. A más TIC, más democratización, participación y autonomía.
    2. Esto sucede, entre otras cosas, porque las cosas se debaten antes de las manifestaciones (este detalle me parece singularmente importante, aunque igualmente preocupante: cuando la gente hoy se ve parece que «no hay nada que decir» porque todo está dicho en la red, lo que, pareciera, nos deja inermes y desentrenados para responder ante la espontaneidad y el imprevisto en las relaciones personales y en el mundo de la vida).
    3. Los llamamientos a los levantamientos árabes se hacen desde redes previas (digitales y presenciales).
    4. La presencia del movimiento en internet tuvo como efecto la creatividad artística política (esto es muy interesante también, porque muestra que el componente estético es un importante movilizador de emociones y, con ello, de conciencias).

     

    ¿Y sólo quería decir «dos cosas»? Cuanto termine el libro, Antonio, prometo ir por tus preguntas. A ver si alguien se anima, mientras, a comentar 🙂

    #10375
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

    Hola Juan Pablo!,

    Muchas gracias por los dos extensos comentarios. Te escribo desde Sabadell donde me estoy quedando con amigo para asistir al festival #Bookcamp sobre el futuro del libro: http://kosmopolis.cccb.org/es/k15/temes/bookcamp-iv-els-limits-del-llibre/

    Aunque estoy algo agotado y sobrecargado de las interesantes charlas de hoy no quería dejar sin comentar algunas de tus interesantes ideas. Voy a ello:

    Me alegra que hayas leído “El enjambre” de Han, es el libro que más me ha gustado de él. La pregunta, como bien se explica en este título es: ¿Verdaderamente las TIC ayudan a generar una mejor sociabilidad y por lo tanto sirven para organizar mejor los nuevos movimientos políticos o, como se afirma en “Sociofobia” de Rendueles internet no hace sino erosionar la sociabilidad?…

    Creo que es un debate de fondo que estamos teniendo en esta web desde hace meses…por ejemplo cuando tratamos “Superficiales” de Carr. Estoy de acuerdo en que leer la palabra “esperanza” en el título de Castells es alentador, pero también Rendueles quiere, al rechazar internet, sentar las bases de una nueva y mejor sociabilidad…

    Estoy de acuerdo cuando valoras la ideología de Castells al afirmar: “su sociología y su antropología da la impresión de ser un marxismo muy refinado y muy sutil”. ¿Te ha parecido que, a su vez, hay una cierta defensa del sueño americano y un rechazo a las fórmulas de la izquierda clásica?. Quizás esto se ve mejor en la conclusión, por ahora sólo has leído la parte más descriptiva…

    Por último también creo que tienes razón al afirmar que Castells asume demasiado el propio discurso de los indignados, considero que tal vez le falta distancia.

    Bueno, vamos comentando estoy seguro de que a @eugenio-navarro le gustará meter baza por este foro pronto :) También hecho de menos a  @Fentciutat que es un gran lector de Arendt pero al vivir en el extranjero se prodiga poco por aquí. Saludos Juan Pablo y demás amigos LUCS y lectores. Seguimos debatiendo!

    PD: las preguntas son orientativas, una mera excusa para que explote el debate, ejejje

    #10379
    Juan Pablo
    Participante

    Debo estar haciendo algo mal, porque no hago más que postear una respuesta… y no sale 🙁

    #10381
    Juan Pablo
    Participante

    A ver si por partes…

    Muchas gracias a ti, Antonio, por contestar pese al cansancio. ¡Ni falta que hace! Terminé el libro la semana pasada, pero aún no he podido sentarme a escribir, y no creo que lo haga ahora. Así que creo que es buen momento para pensar algunas de las cosas que te preguntas.

    #10383
    Juan Pablo
    Participante

    1. ¿Es internet la ruina de la sociabilidad? Esta es una pregunta recurrente, no ya tanto de académicos e intelectuales, sino de… ¡la misma gente que es adicta a internet! Ejemplos: Look Up (casi 50 millones de visitas), Anti Social Network (el rap) o The Anti-Social Network (el corto). Lo cierto es que, después de pensarlo (mucho) y discutirlo (menos), he llegado a una conclusión provisional, inspirada en una afirmación de un entrevistador a Zygmunt Bauman. Del mismo modo que Facebook, más que expandir la sociabilidad o crear amistades nuevas, sobre todo refuerza las amistades y contactos ya existentes, creo que internet y las redes sociales no arruinan necesariamente la sociabilidad, sino que refuerzan a aquellos que ya son sociables.

    #10384
    Juan Pablo
    Participante

    (En todo caso, este tipo de queja no es mucho menos nueva ni limitada a internet. Recuerdo una película de 1995 ó 1996 (muy buena, por cierto), donde se ironizaba sobre un grupo de amigos cuya única relación era por teléfono móvil. Llegaban a asistir todos al parto de una de ellas, retransmitido por ella misma hablando por móvil (!). En fin).

    2. Me pregunto si algo parecido podría decirse con respecto a los movimientos sociales. En el sentido de que, quizá, el papel positivo de las redes de comunicación en internet tenga que ver con reforzar sobre todo a aquellos que ya están predispuestos a la protesta. Esto no es algo que se desprenda de la lectura de Castells, aunque quien sepa leer entre líneas algunas de sus descripciones puede imaginar –sin haber estado allí– lo normal, a saber: que, de alguna manera, «manda» más quien participa más, y, al final, participa más un tipo de persona que yo creo que muchos hemos conocido. A saber, alguien siempre preocupado por el estado del mundo, siempre tendente a la auto-crítica de nuestros peores vicios como sociedad, siempre atento a las injusticias, desfalcos, nombramientos sospechosos y, en general, con el ojo siempre puesto en todo aquello que huela o tenga apariencia de hipocresía. Incluso aunque en los nuevos movimientos sociales se recele del liderazgo formal, se deje siempre la puerta abierta a quien quiera hablar y se arrincone al que busca congregar en torno a sí al resto, lo cierto es que este personaje siempre va a existir en cualquier protesta. ¿No?

    3. Incluso aunque fuera cierto lo que Castells concluye sobre la red como protagonista de lo social hoy en día, no deja de ser inquietante lo poco «unidas» que están las redes de hoy en día o la facilidad con la que se hacen y deshacen. ¿De veras que no hace falta algún punto de unión más permanente como el que, por ejemplo, puede ofrecer un líder? Este es un tema interesantísimo, vidrioso y que, honestamente, me excede. Pues, por un lado, me siento cercano a Ortega y Gasset cuando habla de que las reformas las hacen grupos, «una generación en forma». Pero, por otro lado, el mismo Ortega dice que la «rebelión» de las masas sólo se dará cuando un dirigente o grupo de dirigentes sean capaces de influir vitalmente en su sociedad a la altura de los tiempos. Es decir, en la perspectiva orteguiana (que adopto por sugestiva), quien quiera liderar debe ser capaz de acoger los proyectos vitales de los demás y no sólo el suyo propio. Con Han, me pregunto si verdaderamente hay en los indignados, en los ocupantes, o en los primaveras algo más que preocupación por sí mismos. Honestamente, no lo sé. Pero, desde luego, internet sí puede facilitar una autonomía radical, no sólo del poder establecido, sino… del otro, del prójimo. Nuevamente, esto no significa la condena de internet como herramienta que aisla y encierra, sino que, quizá, lanza el balón de la responsabilidad del lado de esos personajes hipersociables de los que hablaba antes. En una época en que ese personaje triunfa o puede triunfar con bastante facilidad pues, a su talento natural, le añade sin mucho esfuerzo el dominio técnico, quizá no sería descabellado pensar si los tipos así no son responsables no sólo de cuidar y lustrar sus propios perfiles, sino de colaborar a que los demás también puedan aprovechar los medios que internet ofrece para socializar. ¿Sería esa la nueva y mejor sociabilidad que podemos esperar?

    #10397
    Juan Pablo
    Participante

    Y cierro estos comentarios con un último apunte.

    El libro es interesante aunque, creo, puede que haga falta más tiempo y más investigación de campo e interdisciplinar para determinar el significado de los últimos movimientos sociales. Castells es optimista y esperanzado también. Que rechaza ciertos esquemas de la izquierda clásica es claro. Que hay una cierta defensa del american dream, como preguntaba Antonio… no lo veo tan claro. Supongo que lo dices por las referencias que hace en el capítulo sobre Occupy a la democracia directa como ideal político. No estoy seguro de si ese ideal es constitutivo del sueño americano. No lo se. Tiendo a pensar, sí, que el ideal de la democracia USA es jeffersoniano, pero esto es un asunto «hermenéutico» más que «científico». No se si me explico.

    En todo caso, hay una cosa del libro que me ha gustado y mucho. Es el pasaje que más me ha llamado. En las pp. 146-147 indica Castells el debate que hubo entre los indignados por la necesidad de pasar o no a la acción, o de producir o no resultados. Es decir, pareciera que los indignados no consiguieron nada porque, al fin y al cabo, ¿dónde están ahora? ¿Qué han logrado? Pero, dice Castells, «la transformación real se estaba produciendo en las mentes», en un rechazo de la «visión productivista de la acción social». Y esto es muy interesante, porque muestra un modo de hacer y pensar lo político que sí es nuevo, un modo de pensar lo político que acepta la lentitud del proceso y se sitúa a largo plazo. Y podríamos decir más: la nueva política necesita debates ineficaces e improductivos porque si algo necesitamos hoy de la política es, justamente, que sea capaz de aprender de la experiencia, y no de aplicar recetas tecnocráticas o programas de partido.

    Mi duda, claro, es si realmente los indignados han aprendido esto (sus propuestas, en el fondo, siguen siendo de una izquierda pro-Bienestar, pese a que muchos creemos que la experiencia ha mostrado la inviabilidad de muchas partes del Estado de Bienestar en un mundo de intercambios globales en red). Además, al igual que cuando salió el Partido X, pareciera que, con este planteamiento parsimonioso, en política se podrían llegar a «verdades finales», cuando –también lo sabemos por experiencia– el conflicto es irreductible en política…

    Y ya dejo de hablar 🙂

    #10398
    Eugenio-Navarro
    Participante

    ¡Saludos, estimadxs libronsayerxs!

    Sin ánimo de adular a nuestro nuevo compañero, ni de lanzar flores hacia este foro, he de decir que el comentario de @juanpabloserra (que no parece haberse agotado 😉 ) es mucho más rico y sugerente que todo el contenido del libro que tratamos. De hecho, quisiera evitar echar mano de lo señalado por él para no extenderme en lo que sigue… Aunque no voy a eludir cierta polémica resaltando su definición de aquel discurso como “sociología chata”; yo quisiera completarla con el término “de salón”, que tan pulcramente acompaña desde hace un siglo a la teoría anarquista, en esos círculos, tanto conservadores como progresistas y marxistas (a los liberales ya no sé dónde meterlos), que tan escasamente dudan.

    Así que me limito a las cuestiones abiertas por @admin:

    1) Creo que la Red no se está construyendo, desde los medios que tienen potestad para ello, con el fin de posibilitar ningún aumento de la autonomía ciudadana, ni avance democrático alguno (ni siquiera cuando la degradación social y económica es más que evidente a causa de sus crecientes ausencias), sino más bien hacia un mayor control corporativo, bien sea estatal o empresarial. Las asociaciones de personas, digamos espontáneas, que surgen (y como dice Juan Pablo, son frágiles y efímeras) no van más allá de una ampliación de lo existente fuera del mundo virtual (al margen del mayor potencial expansivo o intensivo que poseen, lo que no es más que una diferencia cuantitativa, y de hecho no hace sino acentuar la dictadura de la eficiencia), por lo que ahora mismo no se ve que esta herramienta sea capaz de cambiar el paradigma productivo-mecanicista. De hecho, me parece muy significativo que los movimientos sociales se hayan decantado últimamente hacia la lucha por el poder al que han tratado de enfrentarse, formando candidaturas “populares” que puedan permitirles entrar en el juego del sistema que de todo corazón pretendían cambiar; y me parece muy significativo que a medida que Internet se ha ido convirtiendo en un hervidero de supuestos debates políticos, la actuación militar del Imperio haya entrado en guerra abierta contra todo aquel centro de decisión en el planeta que se oponga a sus intereses, sin que ningún tipo de protesta colectiva haya recuperado lemas tan básicos e ineludibles para nuestra mejor supervivencia como el “No a la guerra”.

    2) Por ello estoy de acuerdo con Juan Pablo en que el procedimiento de los movimientos sociales sigue siendo el apuntado por Ortega (a la busca del líder), y en ese sentido me ha defraudado mucho Castells cuando nombra la noción de /rizoma/ y afirma que “el concepto de revolución rizomática me lo sugirió Isidora Chacón. De acuerdo con la Wikipedia, un rizoma es un «tallo subterráneo»” (p. 150, nota 14)… Probablemente /rizoma/ sea uno de los términos más innovadores en la filosofía política del siglo XX (tanto, que quizá alguna sociología aún no se da por aludida), aportado por Deleuze y Guattari; yo siento sospechar de la honestidad del autor del libro que comentamos, al imaginármelo buscando “Rizoma” en la Wikipedia, sin tener curiosidad por penetrar en otra entrada de la desambiguación (Rizoma (filosofía)). A mí me parece que la aplicación de esta noción, junto a la de /biopoder/ acuñada por Foucault, son esenciales para evaluar cualquier fenómeno sociopolítico de un tiempo a esta parte, y así determinar su potencial renovador para nuestro mundo; en este sentido, creo que Castells ha sido demasiado optimista al haber moldeado unos acontecimientos muy puntuales según su percepción tecnoacadémicista, idealizando la importancia de algo, la Red, que hasta ahora sólo ha podido mostrarse como una simple herramienta en procesos humanos preconcebidos.

    Por último, quisiera señalar que me parece muy oscura la interpretación que hace Castells de la “revolución” en Libia; leyendo su descripción de los hechos me daba la impresión de tener ante mí una exacta reproducción de la versión mediática de los mismos, aparte de haber identificado éstos con otros cuyo desenlace está lejísimos de asemejarse (los de Túnez, por ejemplo). Este detalle me parece determinante para concluir que Castells ha escrito una apología del discurso dominante, siguiendo cierta incuestionable fe en el perfeccionamiento evolutivo de la humanidad. Pues si algo realmente nos ha enseñado el fenómeno 15-M es que los medios de comunicación son afines a los estados neoliberales y a las multinacionales capitalistas que los financian, y hay que desconfiar de las versiones oficiales que la prensa repite hasta la saciedad, contradiciendo en muchísimos casos la propia realidad que ven nuestros ojos; de este hecho ha quedado constancia experimental en quienes han estado en cuerpo y alma inmersos en los hechos históricos que Castells trata de saldar… científicamente.

    No obstante, quiero terminar con dos apuntes positivos: con Juan Pablo, me uno al subrayado de Castells en contra de la «visión productivista», como una crítica al pragmatismo, que los debates políticos han suscitado (en el peor de los casos, anulando la utilidad a corto plazo). Para el segundo, en la misma órbita, cito textualmente lo que no se puede expresar con mayor nitidez: “Éste es el principio constante que surge de los debates de todos los movimientos: no sólo el fin no justifica los medios; de hecho, el medio representa en sí mismo los objetivos de la transformación que se desea” (p. 216). Sin duda, la utopía es el camino.

    Un abrazo!!!

    #10403
    Juan Pablo
    Participante

    Muchas gracias, @eugenio-navarro, es muy interesante todo lo que dices. En efecto, no creo que podamos ni debamos renunciar a la utopía. Esto daría mucho que hablar. En todo caso, la reivindicación que –según Castells— hacen los indignados/ocupantes/primaveras de los medios me hace pensar que, hasta cierto punto, el ethos democrático ha calado bien en el siglo XXI. John Dewey, filósofo de la democracia al que he estudiado con profusión, habla mucho de no desligar medios y fines, y de asegurar que no sólo los fines sean inspiradores o buenos, sino que en democracia conviene asegurar también la calidad de los medios. A mi me parece que esto es una utopía, tan bonita como necesaria, pero eso también daría para hablar.

    En todo caso, perdón por la frivolidad, sólo entraba porque ya me acordé cómo se llama aquella película, de 1995, donde ya aparecía la crítica a la tecnología como desocializadora: Denise te llama. La verdad es que, en su día, la vi y me gustó mucho. Es una película independiente, indie, pero vista hoy sorprende (o quizá no tanto) comprobar cómo hay discursos que nunca mueren. Si no, mirad la descripción en Filmaffinity.

    #10404
    Eugenio-Navarro
    Participante

    Pues sí,  @juanpabloserra; esa podría ser la principal conclusión que hay que interiorizar: que no se trata de alcanzar una meta que dé acceso al paraíso, sino de mantenerse en el camino hacia ella, siempre en construcción (ahí tenemos el popular verso de Antonio Machado, aunque es una noción que desde mucho antes se maneja y repite; pero a veces la impaciencia nos pierde… y quizá también cierta frustración vanidosa al saber que moriremos sin disfrutar las ventajas). También creo que el ethos democrático empieza a formar parte activa e insustituible de nuestra cultura; me sumo a la opinión de que hay conquistas irreversibles, estados superados a los que la humanidad nunca regresará… algún individuo tal vez sí, pero el conjunto ya no: las distopías sí que son utópicas  😉  No obstante, no hay que olvidar que Auschwitz e Hiroshima sucedieron en el siglo XX, pero hay que pensar que el horror que tuvo lugar fue más consecuencia de la capacidad técnica que de las conciencias colectivas (ni el pueblo alemán ni el estadounidense habrían votado sí en referéndum).

    Creo que la tecnología ayudará a consolidar la democracia, pero para ello habría que programarla antes (o remontarnos al viejo debate sobre la capacidad de las máquinas para aprender…). Yo a veces he pensado que nada haría más justa, segura y libre a una sociedad, que el control en la aplicación de las leyes mediante máquinas imperturbables; pero ahora estoy convencido de que ésta sería una forma de racionalismo terriblemente totalizador, que tendería al exterminio de todo factor humano, no sólo el del error o el de la debilidad emocional, sino también los frutos de la intuición, que son determinantes en nuestra evolución, y para cuya labor difícilmente podríamos inventar ninguna tecnología; por eso ahora pienso que esta sociedad mecanizada -y no sólo la que tecnocratizaría sus poderes fácticos, sino también la que pretende someter técnicamente todo el trabajo- no sería tanto una amenaza para el futuro como una pérdida de tiempo. Estoy leyendo a Lewis Mumford, a quien recomiendo con fervor (lo está editando Pepitas de calabaza): él me ha descubierto la inconsistencia de esa identidad que se estableció en el siglo XVII entre los artificios automáticos en boga y el impenetrable funcionamiento de la naturaleza. Surgió de Galileo, Descartes, Newton, Hobbes, Locke, incluso Leibniz; pero ellos no concebían esta identidad más que como modo funcional de explicarse, por semejanza o aproximación, lo que sabían inasible, y sin embargo sus herederos han eliminado las reticencias para sacar mejor provecho de cada hipótesis. El resultado: la liberación se hizo esclavitud, el medio de comunicación sirvió a la desinformación, el conocimiento cayó en crasa ignorancia, etc.

    Recuerdo un chiste a comienzos de la Acampada Sol, que mostraba a un antidisturbios animando a los manifestantes a abandonar la plaza, a la voz de: «Dispérsense y vuelvan a sus facebook». Es probable que la capacidad de la Red para socializar haya llegado a su límite, y ahora está empezando a gestarse otro uso.

    Un abrazo!

    #10454
    Antonio Adsuar
    Superadministrador

     

    Saludos amigos LUCs,

    ¿Qué tal el viernes?. Agradezco especialmente a @eugenio-navarro y @juanpabloserra haber animado tanto el debate…ya estoy por Alicante (concretamente por el tranquilo pueblo de Crevillent) en el cuartel general de @librosensayo y puedo leer con calma vuestras aportaciones que por suerte han excedido las cuestiones planteadas por mis dos preguntas que, como digo siempre, sólo pretende animar el debate, el cotarro vamos.

    Paso a comentar algunas de las cuestiones que más me han llamado la atención de vuestras intervenciones.

    1.Decía Juan Pablo que “internet y las redes sociales no arruinan necesariamente la sociabilidad, sino que refuerzan a aquellos que ya son sociables”…también afirmaba sobre el mismo tema que “no deja de ser inquietante lo poco “unidas” que están las redes de hoy en día o la facilidad con la que se hacen y deshacen”.

    Sobre este asunto comentaba Eugenio que: “Creo que la Red no se está construyendo, desde los medios que tienen potestad para ello, con el fin de posibilitar ningún aumento de la autonomía ciudadana, ni avance democrático algunosino más bien hacia un mayor control corporativo, bien sea estatal o empresarial” (subrayados míos) Y también aseveraba que “esta herramienta sea capaz de cambiar el paradigma productivo-mecanicista…y…Creo que la tecnología ayudará a consolidar la democracia, pero para ello habría que programarla antes”

    Opino que: la tecnología existe, cada vez avanza más y se vuelve más ubícua. Desde luego determina nuestras relaciones sociales enormemente, la forma en que conectamos con los demás. Me ha pasado ya dos veces en el pueblo con gente joven a la que he conocido hace poco: estás hablando con ellos por wasap toda la semana pero cuando los ves por la calle te cuesta reconocerlos, casi que te da cosa saludarlos porque estás más acostumbrado a otro tipo de contacto más “protegido”…la peli de “Denís te llama” que comentaba Juan Pablo va un poco por ahí (yo no la he visto, me la han comentado mis padres varias veces).

    Entonces: como dice Juan Pablo las redes facilitan la conexión pero crean unos vínculos superficiales. El que mucho abarca poco aprieta…nos relacionamos cada vez con más gente pero seguramente peor. En cierta forma conectar por la red nos deshumaniza, hace que seamos para los demás unos meros perfiles fácilmente bloqueables…Estoy siguiendo, me doy cuenta, la línea de Rendueles en “Sociofobia” y también las idea de S.Turkle en el muy recomendable “Alone Together” (http://alonetogetherbook.com/)…

    Alone together

    Por otra parte no vamos a renunciar a la tecnología y si, como dice Eugenio, podemos programarla adecuadamente, también puede ser muy útil para la democracia si conseguimos que POTENCIE la verdadera sociabilidad y sea una manera de conectar gente realmente, gente que pueda traer un cambio político. Por eso creo que es interesante la idea del Castells de ver como se relacionan en espacio de flujos de la RED y el espacio físico (las plazas ocupadas).

    Otro tema que me inquieta y que, creo, está en el centro de la reflexión de Eugenio…¿Quién construye la RED?, ¿Quién la monotoriza?, ¿Con qué fines se desarrolla?. Una afirmación de Castells me ha llamado mucho la atención: dice que la red, particularmente Facebook y Twitter, son espacio de libertad. Ya hemos observado cómo estas redes pueden servir de instrumento político de EEUU…si la revolución Egipcia se hace en twitter en realidad es como estar dándole toda la info al gobierno de EEUU, que puede monitorizarla al instante. Creo que el hecho de que los chinos y los rusos, por ejemplo, traten de que sus poblaciones no construyan sobre estos entornos es significativo (ni que decir tiene que rechazo por otra parte las prácticas poco democráticas de ambos países).

    Bueno, ya me he extendido demasiado…quería haber hablado de Ortega y de la dialéctica líderes-masas y la teoría del liderzago contemporáneo y el posible fin de su necesidad pero lo dejo para otro post, ejej. Saludos amigos y gracias de nuevo por animar la tertulia

    Ah!, en mi viaje por Barcelona he estado con varios editores y puedo anunciar que de aquí a relativamente poco tendremos novedades que creo serán interesantes para todos los LUCS!. Os iremos informando 😉

    Salu222

     

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