EL PAPEL DEL EDITOR COMO INFOMEDIADOR: TERTULIA SOBRE “EL DESORDEN DIGITAL EN BIBLIOCAFÉ

* un artículo de Silvia G. Olaya. Silvia es editora y fundadora del proyecto Editopia, donde publica las crónicas de su investigación para reinventar su propio modelo de negocio editorial

 

El pasado martes 21 de Enero tuvo lugar en la librería Bibliocafé de Valencia la tertulia sobre “El desorden digital. Guía para historiadores y humanistas” de Anaclet Pons, que como ya vimos en un post anterior, es el libro del mes de Diciembre en el club de lectura de Libros de Ensayo

La organización del evento ha partido de Antonio Adsuar, co-fundador y promotor de Libros de Ensayo, con la colaboración de Akal Editores y ACICOM (Associació Ciutadania i Comunicació).

La difusión de este brillante ensayo, por tanto, por esta vez se ha alargado durante todo un mes más, dado que el encuentro se programó para finales de enero con el fin de evitar las típicas apreturas de las fiestas de inicio del Nuevo AñoLo cual ha supuesto una fabulosa oportunidad para profundizar en un texto que, aun siendo altamente especializado, aborda cuestiones de amplísimo calado e implicaciones inmensas en las relaciones sociales y humanas en general, siendo como es que las Nuevas Tecnologías de la Información no sólo han afectado a nuestros entornos comunicacionales, sino que han transformado radicalmente y a la velocidad del rayo los entornos sociopolíticos humanos en su totalidad.

Anaclet Pons analiza en este libro las implicaciones del nuevo paradigma digital en el campo de las Humanidades y la Historia, tema en el que no entraré de nuevo puesto que ya ha sido ampliamente tratado en el mencionado artículo y en el post especial sobre el libro en Libros de Ensayo (además de en el correspondiente foro de debate).

En esta reseña sobre el encuentro quiero destacar cómo la lectura de este libro nos dio pie en la tertulia a analizar las más amplias implicaciones del cambio de paradigma en las relaciones humanas en general. Y, como no podía ser de otra forma, charlar sobre los efectos de estas pantallas hiperconectadas que han cambiado la forma de hacer Historia, pero también el periodismo, la edición y la educación, por destacar tres de los ámbitos más destacados, pues —como tan acertadamente indicó Marlén poco después de las presentaciones y apertura del evento— es tan amplio el alcance de la transformación digital que nos encontramos ante el “desorden de las relaciones humanas”.

En particular, quiero centrar este post en el debate suscitado en torno a los ámbitos comunicacionales.

Convinimos con Anaclet Pons que “no se va a dejar de hacer buena Historia ni buenos libros de Historia, sino que el mayor peligro del desorden digital afecta a la gente común”. Efectivamente, se comentó que ante la pérdida de autoridad y veracidad de las fuentes, y la desaparición de la jerarquización de los contenidos, la gente no está preparada ni formada para lidiar con el desorden en Internet. Y buena parte del problema tiene su origen en la degradación de la educación, dada la dificultad de enfrentarse a las nuevas plataformas digitales desde el anclaje a un modelo educacional obsoleto que ha incentivado el surgimiento de la “Sociedad de la Ignorancia”.

Por otro lado, también comentó los aspectos positivos del nuevo paradigma, dado que “el desorden digital puede favorecer la intuición, la curiosidad de tal modo que la casualidad tome un mayor peso a la hora de abrir nuevos caminos” que a menudo pueden resultar “más interesantes que el método” (e incluso más reveladores , diría yo) a la hora de investigar un determinado hecho, sea o no histórico, lo cual nos llevó un interesante debate paralelo sobre la transformación que la era digital está operando en el rol del infomediador. Camino inevitable ante la presencia en la tertulia de destacados periodistas miembros de ACICOM.

Su presidente, José Ignacio Pastor, destacó la necesaria puesta en valor de una nueva “ciudadanía inteligente” capaz de filtrar las fuentes informativas, ahora que cualquier persona tiene la capacidad de poner su nombre en la Red y verter en ella sus opiniones. No hemos de olvidar que, ante las omnipresentes pantallas en red tras la popularización de los smartphones, hoy día cualquiera puede convertirse en “enviado especial” por casualidad ante un inesperado acontecimiento. Y de hecho, como José Ignacio comentó muy acertadamente, los grandes medios de comunicación de masas se sirven a diario de los testimonios visuales de miles de “colaboradores” improvisados testigos de la noticia en el mismo instante en que se produce.

Esto llevó nuevamente a comentar la necesidad de una formación adecuada sobre identificación y filtrado de fuentes en Internet, por lo que aquí quise destacar la función infomediadora del editor como “dispensador de sentido“.  Recordemos la explicación del concepto realizada en este post:

“Las máquinas con sus conexiones y algoritmos no nos revelarán el sentido de las cosas. Frente a utopías neo-positivas y cientifistas, (…) frente a la idea de que los datos masivos (…) van a traer orden, paz y sentido a nuestras vidas, nos encontramos con el modesto papel del historiador, del humanista, que aún es imprescindible para hacer las preguntas adecuadas y luchar por hallar una respuesta precaria que ilumine nuestro camino. Es el historiador un hombre y por tanto asume la tarea de explicar lo equívoco, lo irracional y por ayudarnos en el esfuerzo por comprender.

Por tanto, Pons nos recuerda las limitaciones de la tecnología a la hora de darle sentido a nuestra existencia, tarea en la cual considero que el historiador comparte camino con el filósofo, el periodista, e incluso con el editor. Sí, porque lo que se está planteando aquí es la necesidad de contar con filtros adecuados que busquen, seleccionen e interpreten el marasmo de los datos en red.”

Por tanto, y dada la mala prensa que últimamente tenemos los editores (para algunos reduccionistas, dícese de “esa horrible gente que rechaza publicar grandes libros”)no quiero dejar pasar esta ocasión para reivindicar la defensa de la profesión en estos tiempos tan abruptos.

Para ello me voy a permitir enumerar aquellas otras [highlight]funciones, quizás menos conocidas por el gran público, que dignifican al editor en su papel de infomediador.

Un rol que considero muy necesario para filtrar y dotar de sentido a los datos en red. A este respecto me parece revelante apuntar el carácter no manipulativo consustancial a la infomediación, para lo cual voy a citar la definición proporcionada por Albert Pérez Novell en este artículo.

Los servicios infomediación a diferencia de los de información se caracterizan por no intervenir en los contenidos aportados por los nodos de la red que interconectan. Su aportación de valor añadido reside, fundamentalmente, en la compilación, presentación, usabilidad, focalización y customización inteligente de los contenidos para y con cada cliente.

Un rol muy necesario también para formar, no solo al público lector sino también a los autores, inculcándoles capacidades para desenvolverse con éxito en el paradigma digital y evitar la confusión inherente al mismo. En definitiva, proporcionándoles herramientas para que no les abrume el desorden digital.

Funciones infomediadoras del editor

La selección de los autores

El editor no es solamente ese tipo que la editorial contrata para rechazar obras. Lejos de los intereses mercantilistas, un buen editor tiene la obligación de seleccionar autores valiosos, pero no solo por los beneficios económicos que puedan aportar sino por la calidad de la información, valores o ideas que puedan ser capaces de transmitir. Lo que yo defiendo es que, teniendo en cuenta el rumbo que lleva el mundo, todo aquel autor incapaz de aportar algo de alguna forma en pro de estos valores no intrínsecamente económicos ni competitivos, está destinado a caer en el olvido posiblemente sin pena pero por supuesto sin gloria.

La formación de los autores

En el proceso editorial es fundamental que el autor aprenda. En primer lugar, se trata de un asunto de eficiencia, de mejorar el trabajo en equipo y de formar al autor para que no ponga las cosas difíciles a las muchas personas que deben intervenir en su texto después de él durante el proceso de gestación y edición de su obra.

En segundo lugar, se trata de un asunto ideológico, de ajuste adecuado a la línea editorial de la casa. Y quede claro que aquí no estamos hablando de silenciar a nadie, en absoluto. Sino que la línea editorial, tanto en la edición como en el periodismo, debe existir para dotar de sentido a la labor profesional de la infomediación pero, también y fundamentalmente, para marcar claramente el horizonte al que deben ir dirigidos todos los contenidos. Editar porque sí o dejar de hacerlo porque no sería absurdo, el buen editor debe tener claros sus objetivos ideológicos y actuar en consecuencia, orientando al autor en la consecución de dichos objetivos en su obra, pero siempre desde una perspectiva integradora, colaborativa y abierta, que permita aportar sentido y valor a la obra. Y que a partir de unas líneas básicas le proporcione al autor un amplio margen de acción para el desarrollo del texto.

Por supuesto, también se puede uno olvidar de todo esto por el bien de su chequera, y en el mundo actual no cabe más que respetar esa opción para aquel que la elija. Cada uno es libre de decidir cuál es el motivo por el que se dedica a una profesión tan vocacional como la edición, donde a menudo son muchas más las satisfacciones procedentes del ánimo de superación y del legado que uno desea dejarle al mundo, que de la cuenta bancaria.

La selección de los temas

Existen solo unas pocas (cada vez menos) y muy grandes editoriales con la capacidad necesaria para publicar un catálogo enorme y cubrir una amplia variedad de temas. Considero que las oportunidades están hoy en pequeñas editoriales que cubren nichos muy concretos. Siendo pequeño, no puedes ni debes llegar a todos. El valor añadido está en lo selecto. Has de decidir a qué lectores en concreto te quieres dirigir, y en consecuencia hacer una excelente selección de aquellos temas que más les interesan en particular. Y aquí, dar el do de pecho, con el mejor contenido de los mejores autores, que no necesariamente han de ser mejores por ser famosos, sino por ser expertos conocedores o investigadores de aquello sobre lo que escriben (si hablamos de ensayo, libro práctico y/o didáctico). O expertos narradores de las verdades compartidas más profundamente intrínsecas del ser humano (si hablamos de literatura).

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La estructura de la obra

A la hora de estructurar una obra, actualmente no hay mucha diferencia entre el libro y el e-book, lo cual es un craso error. A lo sumo, suelen incluirse pies de página o bibliografía con enlaces. Pero la edición digital de libros aún está en pañales, todo llegará (estoy segura de ello, porque ya he vivido en primera persona la revolución digital en la edición de prensa no diaria a finales de los 90 y durante la última década del siglo XX). Y esto inicialmente causará muchos rompederos de cabeza, pero también abrirá un nuevo mundo de posibilidades ya exploradas en el mundo del periodismo digital. Las características del discurso digital (que tan bien explica Anaclet Pons en su libro) van a requerir de soluciones estructurales innovadoras que enriquezcan la experiencia de la lectura digital y minimicen los riesgos del desorden digital inherente a la fragmentación del discurso. Este el gran reto que tenemos por delante los editores en un futuro muy próximo, casi inmediato dadas las claras limitaciones del ebook tal y como lo conocemos ahora.

La interrelación y ampliación de los temas: selección de las fuentes

En el tránsito a lo digital la interrelación y ampliación de contenidos cobran un nuevo sentido gracias a la magia del hipertexto. A este respecto, el texto digital gana mucho y facilita notablemente una importante parte del proceso de edición, pues se trataba de tareas arduas en la edición tradicional: pies de página con notas y referencias bibliográficas, apéndices, índices onomásticos o terminológicos, etc. Pero también supone un gran riesgo si no se hace con criterio, porque una mala selección o presentación de las fuentes puede restarle mucho valor a un buen texto de base, “emborronando” conceptos y añadiendo un “ruido” informativo innecesario.

El contexto y la perspectiva de la obra

En el paradigma digital, la correcta contextualización del contenido ha tomado una importancia crucial. Leemos en pantallas de 7 pulgadas mensajes de 140 caracteres, un campo abonado para los malentendidos y la manipulación del mensaje debido a la falta de contexto. Por eso, la labor editorial a este respecto puede cambiarlo todo: un mismo mensaje puede tomar distintos significados en contextos diferentes. De hecho, toda la perspectiva de una obra puede dar un giro radical según como se edite su contexto. En la edición tradicional, siempre han sido buenas herramientas de contextualización la Introducción de la obra y las Notas, tanto del autor (y del traductor si es el caso) como del propio editor. Un buen editor no debería dejar que la inercia simplificadora del entorno digital acabe con estos instrumentos que han demostrado su eficacia a la hora de completar la obra con un entorno aportador de valor y significado. Un buen trabajo de contexto es en gran parte lo que diferencia cualquier libro de un GRAN LIBRO si va unido, claro está, a una edición de calidad. Y normalmente el autor está tan implicado en su texto que no es capaz de dar un paso atrás para tomar una perspectiva adecuada. Aquí los ojos del editor son cruciales.

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La didáctica visual

Otra herramienta de gran utilidad en la aportación del contexto es la imagen, y a nadie le cabe duda de la gran ventaja que supone la flexibilidad de la imagen digital. De la simple foto a la realidad aumentada, pasando por la infografía interactiva y el vídeo, aquí se abre un panorama casi infinito de posibilidades, lo cual es otro gran riesgo ya que mal utilizados, los recursos visuales pueden disparar los costes de producción editorial sin que ello suponga necesariamente un éxito en el aporte de valor a la obra. El papel del editor para una correcta elección de los recursos visuales adecuados es otro gran reto que ya tenemos justo entre manos.

El soporte de la obra: los formatos

Como decía antes, la edición digital de libros está aún en una fase inicial. Al igual que ya ocurrió en el periodismo, la traslación al formato digital de las limitaciones propias del papel está destinada al fracaso. Si el discurso es lineal, como en el caso de una novela, ¿quien no prefiere un libro de papel? Sí, ya sé que el ebook supone un ahorro de papel y de espacio importantísimos. Pero si olvidar esto, solo es un comienzo, pues de alguna forma había que empezar la transición al formato digital.

Quedarse aquí sería de necios, sería igual que estar al borde del precipicio y dejarse caer por no ser capaz de darse la vuelta y coger un camino no conocido pero que con seguridad lleva hasta la playa. Como de hecho comenté en la tertulia, el denominado ebook enriquecido es una gran oportunidad para todas aquellas obras que transmitan un saber práctico, que te enseñen a hacer algo. También para todas las disciplinas que requieran de cualquier tipo de demostración visual.

Y quizás también merezca la pena experimentar parcialmente el formato del ebook enriquecido para aportarle contexto y perspectiva a determinadas obras de narrativa cuyo análisis evidencie, de una forma muy clara, una propuesta única de valor que verdaderamente haga merecer la pena el esfuerzo y los recursos necesarios para editarlo.

De lo contrario, para el mero disfrute de una historia bellamente narrada, una de esas que te llega al alma y te transforma, ¿quién no prefiere la experiencia de poder tocarla y pasar las páginas con la yema de los dedos? Hay géneros para los cuales el libro-objeto aún es un valor importante, y considero que lo seguirá siendo aún durante muchísimo tiempo.

Quizás para siempre, pues no hay motivo para no aprovechar las ventajas de la convivencia de formatos.

Como editores, aquí el reto es combinar eficientemente los diversos formatos de un mismo proyecto editorial para ofrecerle al lector opciones coherentes. Como referencia quiero mencionar el ejemplo de SHIFTER, una novela gráfica que combina libro impreso, novela gráfica interactiva y una app de realidad aumentadacon una estructura modular que facilita la compra de capítulos individuales mediante un modelo de microtransacciones. ¿Es este el futuro del libro digital? No, es el presente.

NOTA

Participaron en el evento:

Marlén, psicóloga y autora del blog Transmoderna

José Luis Martínez-Llopis, autor del blog Fent ciutat.

José Ignacio Pastor, presidente de ACICOM.

Emilia Bolinches Ribera, periodista, vicepresidenta de ACICOM.

Jaime Millàs Covas , periodista, socio de ACICOM.

Juan Antonio Gabaldón, químico, socio de ACICOM y fundador de Amics de la Biblioteca Pública de València C/Hospital.

 

Fotografías: Silvia García Olaya y Marlén.

 

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