La edición polarizada: la extinción de la clase media

Como ya comenté en el post anterior tenéis que leer sí o sí “Merchants of culture”, de John B. Thompson. Voy a ver si os convenzo de las …

Como ya comenté en el post anterior tenéis que leer sí o sí “Merchants of culture”, de John B. Thompson. Voy a ver si os convenzo de las bondades de este gran libro componiendo un texto basado en las ideas que contiene el capítulo denominado “the polarization of the field”. En él el autor británico trata de responder a una pregunta inquietante: ¿por qué es tan difícil que existan las editoriales de talla mediana?. O, dicho de otra forma, ¿por qué parece el sector del libro abocado a vivir una polarización entre los grandes grupos constituidos por muchos sellos y las pequeñas casas que luchan por sobrevivir?. Acompañemos a Thompson en su camino en búsqueda de respuestas.

En este post nos centraremos sobre todo en comentar las problemáticas entorno a las editoriales modestas, aunque en este capítulo y a lo largo de todo el libro se dedica mucho espacio a hablar de los grandes conglomerados. Solo comentaremos un par de detalles sobre éstos que nos ayuden a comprender, por contraposición, a las pequeñas casas de edición.

a) Un mundo de mastodontes: el tamaño manda

Según Thompson el mercado de libro se caracteriza especialmente por la desigualdad que en él impera. El 90% de las editoriales venden solo el 10% de los libros. Los grandes grupos editoriales surgieron en un momento histórico que comienza en los años sesenta. Los procesos de fusiones y compras se debieron, entre otros factores, a dos circunstancias: el incremento de la talla de los retailers, que pasaron de ser pequeñas librerías independientes a grandes cadenas como Barnes&Nobles, y la voluntad de generar sinergias entre sellos para ahorrar costes, consiguiendo así unas tasas de rentabilidad mayores. Pensemos, afirma el autor, que el beneficio normal que se obtiene en el negocio del libro no es superior a un 3-4%. Los grandes conglomerados aspiran a ganar un 10% o más con este negocio.

Para estirar esta cifran los grandes grupos ha racionalizado el “back office” compartiendo sus diversas editoriales la fuerza de venta, la distribución, los servicios financieros, la estructuras que gestionan la compra de derechos y el pago de royalties. La expresión clave para comprender la eficacia de estas empresas es inequívoca: “músculo financiero”. Solo siendo grande se puede negociar con los retailers los enormes descuentos que estos exigen y se hace posible pagar los anticipos astronómicos a los autores de los mercados anglosajones, donde los agentes hacen subir el precio del best-seller hasta las nubes.

b) Las cuitas del editor modesto

Ya hemos comentado las ventajas de ser grande. Veamos ahora a qué problemas se enfrenta el pequeño editor independiente por no tener esta talla.

Anagrama: un ejemplo de la clase media editorial1) Visibilidad: los títulos del editor humilde tienen dificultades para acceder a los espacios de venta. La librerías medianas y pequeñas están cerrando y las grandes cadenas tipo FNAC, Casa del libro, el corte inglés o Carrefour exigen pagos importantes para situar los libros en lugares destacados o directamente no aceptan libros de pequeños editores. Éstos, al no disponer de capital para pagar por la implantación del producto, se ven condenados a una exposición marginal de sus textos lo que no permite que aumenten ventas e incrementen beneficios pudiendo acceder a esta publicidad de pago en el lugar de venta.

2) La dependencia del distribuidor: Una de las cosas que me llamó la atención cuando, gracias a las charlas “Tupper book” de la librería LAIE de Barcelona(toda una escuela de edición para mi), empecé a entender un poco el mundo de la edición fue el gran poder del distribuidor (le agradezco especialmente al editor Miquel Adam, ahora en edicions de 1984, sus “clases particulares”). Este agente, totalmente desconocido por el gran público, tiene un rol vital en la vida de cualquier editorial pequeña. ¿Por qué?.

La carencia de partida que determina esta relación de dependencia ya la poníamos antes de manifiesto: el editor independiente al no tener “músculo financiero”, carece de “cash flow”. Al publicar un libro por el que se apuesta fuerte haciendo una tirada importante el editor queda sin liquidez y el distribuidor, que controla su prácticamente única fuente de ingresos al realizar las liquidaciones, se convierte en una especie de banco para él.

Una vez quedas “enganchado” inevitablemente a esta vía de financiación necesitas publicar constantemente novedades para alimentar al distribuidor. Thompson lo explica muy claramente: “In some cases they may find themselves relaying on a bridging loan from their distribuitor, who may be prepared to lend them money againts the future earnings. Some small presses will have to curtail new book production simply because they are not in a position to pay the printer’s bill. And for some, the riks of bankruptcy is ever-present” (p. 163) …“they call it feeding the beast” (p.171)

3) El problema del salto mortal o por qué se puede morir de éxito: Esta situación de hecho dificulta enormemente el crecimiento de las editoriales independientes y por lo tanto evita la formación de una “clase media editorial”. Sí, por razones desconocidas, uno de tus títulos tiene un éxito desmedido y los retailers comienzan a llamar desperados al distribuidor pidiendo más libros te enfrentas a un gran dilema. Tienes que subir de escala: puedes aceptar realizar una reimpresión masiva rezando para que el “run run” que ha detectado el punto de venta se concrete. Pero si al final el texto no se vende muy posiblemente tendrás que cerrar la editorial. Has quedado atrapado en la trampa del volumen.

Foto-homenaje a la desaparecida librería proa espais de Barcelona¿Y si tienes éxito y la demanda se da realmente?. Entonces tienes la tentación de “subir de categoría”. Todo sucede más rápido: buscas autores más conocidos, que vendan más. Comienzas a pagar anticipos altos. Entras en los programas de “co-op advertising” invirtiendo para que tus libros estén en lugares destacados en el punto de venta. Estás en otra selva y vives ya rodeado del riesgo sin las ventajas antes mencionadas que te da pertenecer a un gran grupo y sin la comodidad de ser un editor minoritario, más o menos seguro con sus tiradas cortas y su nicho de mercado conocido y controlable.

c) Pero entonces, ¿no existe el editor mediano?

En los últimos tiempos hemos visto como dos importantes editores que pueden considerarse “clase media” Anagrama y Tusquets reaccionaban para evitar quedarse en esta situación intermedia, en este terreno de nadie en el que parece no haber supervivencia posible. Tusquets se ha integrado de forma asimétrica en el grupo Planeta. Citando un artículo de El País: “su equipo editorial, podrá no sólo acceder a la poderosa y eficaz plataforma de servicios de distribución de Planeta, sino a los de administración que, con el tiempo y una colaboración activa, crean convenientes”. La editora De Moura dice que sigue siendo independiente y que nada cambiará en el catálogo pero el nuevo consejo editorial se repartirá al 50%.

Librería LaieAnagrama, sello que también era un símbolo de independencia comandado por el resistente Jorge Herralde, será adquirido paulatinamente por la italiana Feltrinelli Editore. La editorial, “una insólita excepción siempre asediada por los grandes grupos editoriales”, como dice el artículo enlazado, tampoco ha podido resistir la “insoportable levedad del editor medio”.

Estos dos fracasos relativos nos muestra lo difícil que es ser mediano. Me pregunto por curiosidad ¿quieren editoriales independientes que me gustan como Fórcola, Melusina, Acantilado, Libros del Asteroide o Pre-textos, por citar solo algunas, convertirse en “clase media”?. ¿Sería desable para ellos?, ¿y para la biblodiversidad y la cultura?. ¿Hay vida realmente en este “terreno de nadie maldito”?

Para acabar una apostilla digital: todo este panorama que Thompson nos describe es en gran medida propio del ecosistema gutemberiano. La llegada de lo digital cambia totalmente la cadena de valor y los problemas a los que se enfrenta la edición independiente: la distribución se replantea por completo con el e-book y la visibilidad se vuelve muy distinta en el entorno-red. Los nuevos problemas necesitan de nuevas soluciones y la mutación editorial debe ser aprovechada para eliminar viejas ineficiencias y acabar con posiciones abusivas y dominantes. Hemos de trabajar para que la transición al mundo digital traiga un ecosistema editorial más abierto, donde prime la igualdad de oportunidades. 

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3 comments

  1.    Responder

    […] Estamos por lo tanto ante una edición de tipo “rápida”, espectacularizada, plenamente inserta en la cultura del “hit” de la sociedad de masas que ancla sus raíces en el cine, como dijimos. Esta forma de editar necesita de unos flujos de caja que favorecen la creación de grandes grupos y la concentración editorial, eliminando a las casas medianas y polarizando la edición, como ya analizamos en un post anterior. […]

  2.    Responder

    […] El editor, nos dice Schiffrin, perdía al principio dinero al publicar un autor en el que confiaba. Éste le era fiel y, si la apuesta se ganaba eventualmente, la rentabilidad aparecía a partir del tercer libro, quizás del cuarto. Era una labor, desde luego, de largo aliento, basada en el fondo del catálogo, en la confianza y en unos flujos de caja muy distintos de los actuales. Se podía vivir del “slow money”(la dificultad que tienen las editoriales para pasar de pequeñas a medianas viene determinada por dinámicas de mercado, muy ligadas a las inversiones necesarias para dar el salto a nivel de producción, promoción, visibilidad y ventas. Lo hemos analizado en este post). […]

  3.    Responder

    […] cuyo contenido ya fue recogido en una entrada de este mismo cuaderno que tuvo gran difusión “La extinción de la clase media”, vamos a recorrer la evolución de las condiciones de comercialización del libro-mercancía en […]